Publicidad

De viajes, canciones, libros y mentiras

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Fernando Araújo Vélez
18 de febrero de 2024 - 02:10 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Entonces, y por unos cuantos días, volví a otros tiempos, lejanos tiempos, y de a pocos fui recuperando algunos detalles de humanidad perdidos en viejas canciones de Aretha Franklin o de Charles Aznavour, en libros de Kafka o de Tolstói, y en imágenes de películas de Truffaut o de Hitchcock. Rescaté frases, colores, descripciones, sonidos, hábitos, y entre toda aquella melancolía fui constatando que cada pequeño acto de búsqueda tenía un propósito y encarnaba una, varias razones de ser, y una, varias consecuencias. Había elegido. Había elegido en vez de haber sido elegido.

Le sugerimos leer más columnas de El caminante: La mujer del libro en el parque

Había elegido escuchar Let it be en la versión de coros góspel de Aretha Franklin entre cientos de opciones, y aquella elección me había llevado a la de John Lennon, y en la búsqueda me había topado con Charles Aznavour y Venecia sin ti, y a los discos de Frank Quintero, un venezolano que letra tras letra hablaba, cantaba, sin necesidad de literalidades, sobre la importancia de lo pequeño, de la descripción y lo sencillo. “Cierra los ojos y con suavidad deja descansar tu cabeza hacia atrás…”. En la medida en que buscaba, comprendía que en aquel gesto de pasar y pasar discos y libros y cintas de video había infinidad de recuerdos entreverados, de reencuentros y elecciones.

Podría interesarle leer: Yo te defino, tú me defines

En una palabra, había un montón de decisiones, y en una frase que alcanzó a sorprenderme, e incluso a maravillarme, había miles de elecciones de mi pasado que con el tiempo se habían despojado de sus cargas de bien y de mal, porque cada disco y cada libro y película habían sido una decisión, sí, pero también habían originado otras decisiones, me habían llevado a distintas acciones. Por una canción, por citar un ejemplo, me endeudé hasta donde no podía para desviarme varios cientos de kilómetros de mi destino inicial y llegar a Venecia para cantar allí Venecia sin ti.

Y para seguir con los ejemplos sueltos, por un libro, Anna Karenina, me enredé en un adulterio, y por una película, El ladrón de bicicletas, mentí una y varias veces.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
Conoce más

 

Clara(ffpw1)19 de febrero de 2024 - 02:16 p. m.
¡ Que asalto de evocaciones! todo un deleite para mi alma, gracias.
Felipe(c4w2p)18 de febrero de 2024 - 06:58 p. m.
linda columna . idea que comparte la pelicula vidas pasadas
Felipe(c4w2p)18 de febrero de 2024 - 06:37 p. m.
linda columna
Edgar(40706)18 de febrero de 2024 - 02:51 p. m.
Lo comparto totalmente.
Concha(99107)18 de febrero de 2024 - 02:47 p. m.
Como siempre, es un bálsamo su columna, gracias!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.