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Disculpe el señor

Fernando Araújo Vélez

17 de julio de 2010 - 11:00 p. m.

“¿Usted sabe cómo suben en el escalafón los sicarios?”, le preguntó el hombre de corbata al periodista arrutanado en un lejano rincón de una lejana fiesta de sábado.

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“¿Se ha puesto a pensar en la escala de valores de esos tipos? ¿En la razón por la que matan encomendándose a la Virgen?”. El tipo disparaba sus interrogantes con absoluta frialdad, y cada vez que terminaba uno le mostraba la cacha de su revólver a su interlocutor, que no podía dejar de paralizarse ante el reiterado gesto. ¿Provocación?, se preguntaba después. ¿Intimidación? ¿Muestra de hombría mal entendida? ¿Todo a la vez quizás?

La conversación se había iniciado con un casual comentario de corte político que soltó el periodista, acostumbrado como estaba a hablar sin prevenciones de cualquier tema y con cualquier compañero. “Con estos políticos y presidentes la vida jamás será respetada”, dijo como corolario a la noticia de que a pocas cuadras de donde estaban habían asesinado a un hombre en un Mazda gris. El tipo de la corbata lo recorrió con la mirada y le sonrió en tono de usted qué sabe de nada. Entonces le escupió sus preguntas sobre los sicarios. El periodista sólo atinó a decirle que no era lo mismo nacer en un tugurio, sin presente ni futuro, sin ley ni educación, que ser hijo de una prominente figura pública; que el país era lo que era por los altos mandos y la eterna aristocracia que se habían repartido tierras, cargos y poderes, y no, mil veces no, por los muchachos sin rumbo de las comunas.

Le habló de luchas de clases, le citó a Marx, le recitó a Serrat, Disculpe el señor, Que Dios le inspire o que Dios le ampare, que esos no se han entera’o que Carlos Marx está muerto y enterra’o, le ofreció un cigarrillo y aguardó. Que ocurriera lo que tenía que ocurrir, pensó, envalentonado de ron. El tipo de la corbata esperó un par de minutos, sacó de uno de sus bolsillos internos una chapa en la que se leía en letras brillantes D.A.S., se la enseñó al periodista y a modo de secreto, en tono trascendente, le dijo: “¿Sabe usted?, como los sicarios, nosotros también probamos nuestra hombría y ascendemos a veces matando inocentes”.

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
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