Publicidad

El instinto de las leyes de Giambattista Vico

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Fernando Araújo Vélez
10 de mayo de 2026 - 11:10 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

La historia en un principio lo dejó casi que en un pie de página, pero con el pasar de los años y siglos, su nombre, Giambattista Vico, fue escribiéndose en mayúsculas, y a veces, en letras doradas, hasta llegar a influir en Marx y Montesquieu. Como escribió Peter Watson en su libro “Ideas, historia intelectual de la humanidad”, “Entre todos los pensadores originales de la historia, y a pesar de la reivindicación de Spinoza por Jonathan Israel, la figura más subestimada es el napolitano Giambattista Vico (1668-1744). Su simple percepción de que los hombres sólo podían saber aquellos que ellos mismos hacían surge en el momento en que la revolución científica alcanza su apogeo”.

Vico afirmó que “El hombre se puede conocer a sí mismo de manera más profunda y clara incluso de la que Newton puede comprender las layes de la materia: en consecuencia el conocimiento de la historia, en tanto relato de los motivos humanos y sus efectos, puede en principio ser alcanzado de manera más minuciosa y profunda que el del mundo externo que es, en última instancia, opaco”. Para él, si la humanidad no escarbaba en la mente, en las necesidades y los posibles hechos de los primitivos, iba a ser poco menos que imposible que se entendiera a sí misma. Para tratar de lograrlo, se apoyó en la psicología, la poesía y la lingüística que se conocía en su época.

A través de su libro la “Scienza Nuova”, 1725, intentó desentrañar las leyes de una historia secular que les permitiera a los gobiernos formar unas instituciones políticas firmes y abiertas. Creía que las leyes que se habían creado en la historia obedecían más a necesidades, temores, instintos y costumbres de los humanos, que a determinaciones de un Dios, y catalogaba en tres los instintos básicos, “A saber, la creencia en la Providencia, el reconocimiento de la paternidad y el enterrar a los muertos, instintos que hallaban expresión en las costumbres y ritos de la religión, el matrimonio y las prácticas funerarias”, como afirmó Peter Watson.

En un principio, escribió, hubo temores, rayos, truenos y centellas, y pasados unos tiempos, medidos por cosechas, hubo vergüenza. De aquella vergüenza por haberle dado tanta importancia a sus instintos primarios, surgió la familia. Luego, las ideas de que había dioses, que de una u otra manera disciplinaron a los silvestres humanos, y más tarde, por fin, apareció el lenguaje, y con ella, la poesía, el arte, las alegorías, y en fin, las primeras civilizaciones. La humanidad había evolucionado, lenta o muy lentamente, pero había evolucionado, y de la fuerza bruta, había pasado a la fuerza heroica, y más tarde, a las fuerzas de la inteligencia, justicia, reflexión, creación, arte y demás.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
Conoce más

 

Gines de Pasamonte(86371)Hace 34 minutos
Interesante la reseña, Fernando. Desconozco todo del señor Vico, pero me movió a comentar tu siempre interesante columna, cuando mencionas la aparición del lenguaje, pues casualmente cayó en mis manos un interesante libro sobre el tema del genial costeño Germán Espinoza (q.e.p.d): “La aventura del lenguaje”. Editorial Planeta. ¡Imperdible!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.