Publicidad

El pecado perfecto

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Fernando Araújo Vélez
24 de enero de 2010 - 04:59 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Fue una infidelidad como cualquier otra. Un bar, algunos tragos, la música. Ella le pidió que bailaran. Él, gentil, se levantó y le ofreció su mano.

Se besaron, aunque luego ninguno de los dos recordara quién tuvo la iniciativa. Se rozaron y algo más, y en la madrugada se fueron al apartamento de ella. Saludaron al portero, don Ariosto, y se perdieron entre la penumbra, con algo de música y otros tragos. Él se marchó con la luz de la madrugada, cargado de recuerdos. Ella durmió, entre feliz y culpable, porque el hombre con quien había estado era el novio de su mejor amiga. ¿Se lo diría? ¿Ella lo descubriría?

A las ocho de la mañana salió a trabajar. Llamó a su amiga para tantearla. Todo iba bien, normal. Llamó a su nuevo amante para decirle que lo quería, y por debajo, para advertirle que no se le pasara por su loca cabeza la descabellada idea de contarle nada a nadie. Él la tranquilizó. Por la noche regresó a su casa, pero aminoró su ritmo cuando vio luces y carros como de policía frente al portón de entrada. Pensó que ya su amiga lo sabía todo, que la estaba buscando, que la había denunciado. Recordó tantos y tantos crímenes y locuras por celos. Tembló. Sin embargo, enfrentó la situación. Timbró, saludó a don Ariosto y puso cara de qué habrá ocurrido acá. Entonces preguntó, mientras observaba de reojo a los detectives y agentes que iban y volvían con cámaras y libretas. “Fue un robo”, le dijo don Ariosto. “Y me han inculpado a mí”, aclaró. Ella quiso consolarlo, mostrarse triste, pero la alegría la traspasaba.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.