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Si vamos a caer, ojalá tengamos la fuerza de caer con grandeza, con la gran dignidad de la derrota, para recordar a Borges, de acuerdo con las convicciones que tengamos en el momento de la caída y defendiendo esos ideales que pasan cada día más de moda. Si vamos a caer, que la caída no nos agarre por sorpresa, que no sea por un simple resbalón en la mitad de la calle o por un error de cálculo. Que sea consecuencia lógica de nuestros actos, y en sí misma, un infinito bombardeo de mensajes. Que su estruendo sea la música de una interminable fiesta con todos los colores y con las ideas de aquellos que se atrevieron a pensar más con la razón y a luchar más por el otro, que a vivir por conveniencia.
Si vamos a caer, que sea con la altura de los inmortales, más allá de que nosotros apenas seamos unos simples y llanos y arrastrados mortales. Que nuestra caída esté envuelta en aquella sentencia que le recordaba a los emperadores romanos cuando ascendían al trono que eran mortales, día a día mortales, y minuto a minuto y segundo a segundo: “recuerda que eres mortal”. Que caigamos con los ojos muy abiertos, la cabeza levantada y la absoluta certeza de que nuestra caída se debió más a la defensa de unos valores que jamás quisimos negociar, como el de que la vida es sagrada, que a un desteñido, sangriento, improvisado y visceral ajuste de cuentas entre facciones mafiosas cuyo único fin es el poder y el dinero.
Si vamos a caer, yo rogaría incluso que cayéramos sin odio, y que fuéramos capaces de decir que caímos sin odio hacia nadie, y por lo tanto, sin echarle la culpa de nuestra caída a los demás. Es más, que en nuestra caída tuviéramos la fuerza necesaria para admitir que quien nos hizo caer sumó méritos para lograrlo, así no estemos de acuerdo con sus razones y sus métodos, porque detrás de cada una y de todas las victorias hay grandes, medianos y pequeños méritos. Si vamos a caer, en fin, y hemos caído y caeremos en infinidad de ocasiones, que sea a sabiendas de que íbamos a caer, y convencidos de que cuando estemos en el suelo, serán las mismas convicciones que nos llevaron hasta allí las que nos darán fortaleza para levantarnos.
