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“La literatura sin dolor” de García Márquez y Juan Rulfo

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Fernando Araújo Vélez
05 de abril de 2026 - 11:10 a. m.
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Era octubre del 82, y era El Espectador de entonces, y era Gabriel García Márquez, que escribía en una de sus columnas, “La literatura sin dolor”, que casi en cada uno de sus viajes compraba varios ejemplares de “Pedro Páramo” para regalárselos a quienes lo visitaban, siempre con la condición de que apenas lo leyeran volvieran para conversar sobre la novela. Confesión, admisión, admiración, firma y sello. En la revista Vogue, un año antes, había dicho que las obras de Juan Rulfo le habían marcado el camino para sus libros, “Siempre vuelvo a releerlo completo, y siempre vuelvo a ser la víctima inocente del mismo asombro de la primera vez. No son más de trescientas páginas, pero son casi tantas y creo que tan perdurables como las que conocemos de Sófocles. Así es mi admiración por Rulfo”. Conocía sus obras casi de memoria, párrafo a párrafo. Línea tras línea.

La primera vez que leyó a Rulfo, dijo que no logró dormir hasta haber finalizado una segunda lectura. Fue diez años después de haberse obsesionado con “La Metamorfosis” de Kafka. Desde entonces, ningún autor, ningún libro, le habían producido “una conmoción semejante”. Uno de los aspectos que más le llamaban la atención era la elección de los nombres de los personajes de los cuentos de “El llano en llamas” y de “Pedro Páramo”, que eran nombres con personalidades, historias y caracteres a cuestas. García Márquez solía contar que una tarde, Rulfo le había explicado que los sacaba de las lápidas de los cementerios. Los anotaba, los combinaba con algunos que él mismo había previsto, los mezclaba, “hasta lograr sus combinaciones incomparables: Fulgor Sedano, Matilde Arcángel, Toribio Aldrete y tantos otros”, como escribió para El Espectador y El País en noviembre del 82.

Rulfo y García Márquez se conocieron hacia 1963 en una boda. Meses más tarde, el cineasta Carlos Velo le propuso al colombiano que escribiera un guion sobre “El gallo de Oro”, de Rulfo. La película quedó en la historia por las idas y vueltas del guion, por los personajes que trabajaron en ella y el tono del lenguaje de los actores, retocado en últimas por Carlos Fuentes. Duró pocas semanas en cartelera. Un año más tarde, García Márquez y Rulfo jugaron a ser extras para “En este pueblo no hay ladrones”, una película basada en un cuento de García Márquez, estrenada en 1965, que contaba también con la efímera aparición de Luis Buñuel. Aquella fue la primera y la última vez que Rulfo y García Márquez actuaron. Igual, por fuera de las cámaras y del cine, siguieron encontrándose para conversar de miles de asuntos, esencialmente, de literatura.

La conexión entre los dos fue más allá. Se plasmó en sus lecturas y sus charlas, y se multiplicó en sus libros. “El padre Rentería se acordaría muchos años después de la noche en que la dureza de su cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir. Fue la noche en que murió Miguel Páramo”, había escrito Rulfo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”, escribió García Márquez para comenzar “Cien años de soledad”.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
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Pedro Juan Aristizábal Hoyos(86870)Hace 44 minutos
Qué bella columna. A mi como quién dice. "Luvina" me encanta y me la sé casi toda de memoria. Márquez y Rulfo son dos grandes y alguien decia que Rulfo es un especie de Kafka en un antisistema. Habrase visto mayor encantamiento
Melmalo(21794)Hace 1 hora
García Márquez el gran Nobel Colombiano y Rulfo,genial siempre, también me fascino cuando releo sus obras,sobre todo a Pedro Páramo.
Helda Martinez(92748)Hace 2 horas
Lindo texto. Alivia el alma. Reconforta, luego del editorial que hoy que fue como puño doloroso
Gines de Pasamonte(86371)Hace 2 horas
1) El momento decisivo en la vida del escritor Juan Rulfo fue su temprano encuentro con los libros en la biblioteca del sacerdote católico Ireneo Monroy, nos dice Alberto Vital en la excelente biografía del excelso manito. Alejandro Dumas, Víctor Hugo, Dick Turpin, Buffalo Bill, Sitting Bull, los leyó cuando contaba con diez años. “me pasaba todo el tiempo leyendo; no podía salir a la calle porque te podía tocar un balazo en el combate entre federales y cristeros”.
Gines de Pasamonte(86371)Hace 2 horas
2) El fondo de Cultura Económica de México publica a “Pedro Páramo” y “El llano en llamas” en el volumen 19 de la serie: “Letras Mexicanas”; el librero a sotto voce sugiere que esta novela es la mejor de toda la literatura mexicana. ¡No se equivocó! Günter Grass, amigo personal de Rulfo, fue el escritor que más admiró de Alemania. Neruda también fu su amigo, incluso este le dedicó un breve poema a Rulfo. En 1973 Borges llega a México a recibir el premio “Alfonso Reyes”.
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