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Desde niño, Denis Diderot trabajaba en la cuchillería de su padre, Didier Diderot, y afilaba dagas, espadas, hachas, cortapapeles y cuchillos de diversos tamaños, mientras se hacía preguntas en voz alta que luego intentaba pasar a un papel. Tenía los ojos un poco saltones. Cuando lo molestaban en el colegio de los jesuitas de Langres, él respondía que su mirada pretendía abarcar el mundo y a los humanos. A los 19 años, ya era profesor. Corrían los meses del año 1732. En el fondo, Diderot pretendía ser escritor, y con la excusa de estudiar leyes en la Sorbona, se mudó a París. De cuando en cuando, publicaba sus escritos en diversas revistas y hacía traducciones para ganarse la vida. Su padre jamás aprobó sus estudios, y menos, sus textos, algunos, subidos de tono, casi pornográficos. Quería que su hijo mayor fuera clérigo.
Pasado un tiempo, Diderot se enamoró de una mujer que vivía de lavar ropa blanca, Anne-Antoinne Champion, con quien deseaba casarse. Para solicitar el consentimiento de su padre, viajó hasta Langres, pero el señor Diderot lo recibió con un rotundo no, y lo enclaustró en un monasterio cercano a Troyes, en donde estuvo un año y del que se escapó en 1743 para casarse. Sin embargo, su amor no duró mucho, y cuando regresó a París empezaron a verlo del brazo de distintas mujeres. Ya Diderot se consideraba un hombre libre. Dios, la iglesia, los santos, sus mandamientos, la sociedad, el poder de su padre y la aristocracia eran como simples manchones en una hoja cada vez más arrugada. El viejo régimen y sus personajes estaban por desaparecer, y él fue uno de los que más trabajó para que ello ocurriera.
Años más tarde, cuando decidió escribir con Le Breton, Voltaire, Rousseau y D’Alembert su Encyclópedie, motivado por la “Chamber’s Encyclopedia” que había traducido recién llegado a París, investigó, señaló y acusó, a modo de información, a los causantes de la ignorancia en la que permanecía el pueblo. Habló de la iglesia y sus costos, por ejemplo, a través y a partir de la hostia. “Habrá quien considere mi cálculo demasiado bajo. Aún así, 40.000 pedazos de pan para la comunión cuestan 80.000 libras que, multiplicadas por 52 domingos, suman más de cuatro millones de libras. ¿Por qué no ahorrar este gasto? Somos en exceso infantiles y esclavos de la costumbre para comprender que hay formas de culto más religiosas. Y permítanme unas palabras sobre las velas…”, escribió.
Los esbozos iniciales de la Encyclopédie se elaboraron en el hotel del barón d’Holbach, y a fines de 1750, Diderot y sus socios empezaron a promocionar y vender su obra sobre planos. La idea inicial era de ocho volúmenes. En 1770, se habían completado 28 tomos. En el camino, Diderot, D’Alambert y demás, fueron perseguidos, censurados y demandados. Muchos de los textos originales acabaron dispersos por decenas de casas de socios o lectores para que los censores no los pudieran destruir, y al final, las posturas más críticas las reseñaban en letra menuda, a pie de página, para que pasaran desapercibidas. Veintiséis años después de las primeras reuniones, Diderot cayó en la quiebra. Lo salvó Catalina la Grande de Rusia, que no sólo le compró los tomos originales, sino parte de su biblioteca, y lo invitó a que conociera su imperio.
