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China 1999-2026: de Belgrado a Trump

Fernando Barbosa

05 de junio de 2026 - 12:05 a. m.
“Con la visita de Trump a China, se juegan otra vez las cartas y de nuevo con tiempos diferentes”: Fernando Barbosa
Foto: EFE - Maxim Shemetov / POOL
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El subtítulo del análisis de David E. Sanger –publicado en la primera página de The New York Times del 15 de mayo– sintetiza bien las estrategias de parte y parte desplegadas en el pasado encuentro de Trump y Xi Jinping en Beijing: “Seeking Quick Deals vs. Drawing Lines” (Buscando tratos rápidos vs. trazando líneas). Sin embargo, lo trascendental del acontecimiento no fue otro que la toma de posesión de China como un igual de los Estados Unidos. Fue un cara a cara entre los dos líderes más poderosos, responsables, según afirmó Xi, de asegurar un mejor futuro para sus 1.700 millones de habitantes y para toda la humanidad.

Como antecedente vale la pena recordar el bombardeo a la embajada de China en Belgrado en 1999. Hasta entonces la voz de Beijing en lo internacional se había mantenido bajo el marco de la moderación y la abstención. Sin embargo, aquel desafortunado incidente no le dejó otra salida que la de participar con más decisión a nivel mundial. Al respecto, en 2005 escribí lo siguiente:

“La voz airada y desafiante de un nuevo poder internacional se hizo sentir. Los términos de la declaración de Beijing del 8 de mayo calificaron el incidente como una burda violación de la soberanía de China y una flagrante trasgresión de la Convención de Viena y de las normas internacionales. De igual manera, se expresó la más honda indignación y condena de los hechos, tanto a nivel del gobierno como del pueblo chino, frente a lo cual se le exigió asumir toda la responsabilidad a la «OTAN liderada por los Estados Unidos». El cruce de cartas y de llamadas telefónicas entre los presidentes Bill Clinton y Jiang Zeming allanaron el camino hacia una solución que vino a concretarse en el pago de una indemnización por US $28 millones por parte del gobierno de Washington. En este punto, es importante mencionar el nuevo ritmo que alcanzaron las negociaciones entre China y Estados Unidos para el ingreso de la primera a la OMC y que culminaron con éxito en noviembre de ese año. (...) La manera como avanzó China a partir de los sucesos de Belgrado es lo que se presenta como aporte interesante para el análisis y las negociaciones en el futuro. En efecto, el discurso chino cuestionaba duramente el concepto occidental de intervención ‘humanitaria’ al que contraponía el de soberanía. El salto que dio en este sentido fue el de caracterizar las acciones en Kosovo como ‘interferencia’ (“ganshe”, en chino) que tiene un sentido mucho más profundo y, por lo tanto, de consecuencias más graves. Con esta redefinición se busca rescatar el derecho de los estados a encontrar por sí mismos las soluciones a sus problemas internos sin que con ello se cierren las puertas a la acción en aquellos casos en que la “intervención” sea solicitada por el país afectado y con el condicionante de que sea multilateral. Fue bajo estas consideraciones que China apoyó las acciones promovidas por Australia en Timor Oriental, así su participación se haya reducido al envío de un limitado número de personal civil de policía”*.

Si Belgrado fue el detonante que llevó a un giro sustancial en la política exterior de Beijing para el nuevo siglo, otro tanto está sucediendo con la guerra comercial y tecnológica declarada contra China a la que se suman los desafíos políticos, económicos y humanos como los que ocurren en Gaza, Líbano, Irán, Ucrania y Cuba, para solo nombrar los más comentados.

Las nuevas circunstancias parecen concederle el triunfo a la paciencia sobre la arrogancia. Y la paciencia aquí significa unos tiempos diferentes a los de Occidente, como ocurrió en dos casos muy ilustrativos y que no se mencionan con frecuencia. El primero tuvo lugar al pactarse el regreso de Hong Kong a China cuando se popularizó la expresión de que “la China sabe esperar”. No olvidemos que el regreso pactado fue una transición gradual que solo culminará en 2047. Y el segundo lo revela un hecho muy particular que ocurrió a comienzos de la década del 50 del siglo pasado: Inglaterra le ofreció a Zhou Enlai la entrega de la isla a Beijing, oferta que rechazaron los chinos. Mientras a nosotros nos seduce la Ocasión, la diosa de la oportunidad de los romanos que es el fundamento del dicho “la ocasión la pintan calva”, la respuesta de los chinos fue sorprendente: “el tiempo no es propicio y es mejor esperar”.

Ahora, con la visita de Trump, se juegan otra vez las cartas y de nuevo con tiempos diferentes. El presidente norteamericano llegó con sus “mejores” empresarios en la búsqueda de nuevos negocios con China para concretarlos de inmediato, antes de noviembre. Mientras tanto, Xi Jinping traza el derrotero para los años que vendrán: los dos países, Estados Unidos y China, liderarán el mundo de hoy bajo los fundamentos de un código para el futuro que se afianza en el respeto y la cooperación.

En la presente coyuntura podría ser útil regresar al Arte de la guerra de Sun Zi: “Así como el agua no tiene una posición absoluta, la estrategia no tiene una dirección absoluta. Aquellos que logren seguir las transformaciones de su oponente triunfarán y podrán ser llamados genios”.

*F. Barbosa (2005). “China: la diplomacia del bambú, del aislamiento al liderazgo. Revista Javeriana, No. 713, Tomo 141. p. 41-48.

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