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“Déjà vu”

Fernando Barbosa

16 de abril de 2023 - 09:05 p. m.

Se cuenta que un zapatero le señaló al pintor griego Apeles (s. IV a. C.) un error relacionado con la forma de las sandalias. El pintor corrigió su obra y, por arte de birlibirloque, el zapatero terminó asumiendo las tareas de lo que hoy conocemos como crítico de arte (Plinio el Viejo, Historia natural, XXXV, 85). Parece que este es el origen del famoso refrán “Zapatero, a tus zapatos”. Lo cierto es que la práctica, si bien ha pasado y sigue pasando, parece inevitable que se siga repitiendo.

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El bonzo budista Kenko Yoshida nació alrededor de 1283 y murió cerca de 1350. Es decir, fue contemporáneo de Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. Su obra más famosa es el Tsurezuregusa, que se ha traducido como Ocurrencias de un ocioso, Pensamientos al vuelo, Essays in Idleness. El que creo puede ser el más apropiado es el utilizado en la traducción de W. N. Porter publicada en Londres en 1914: La miscelánea de un bonzo japonés. En efecto, el estilo en que está escrita la obra se conoce como zuihitsu, que es un término intraducible. Literalmente significa “dejar correr el pincel”, es decir, apostillas, apuntes o comentarios. Ahora bien, más allá de la vaguedad, lo cierto es que se trata de una de las obras clásicas de la literatura de Japón.

El episodio 80 de esta colección de Kenko nos recuerda sucesos recientes y viejos de nuestra historia:

“Las personas parecen sentirse atraídas a buscar precisamente aquellas cosas que no tienen nada que ver con su vida normal. Un monje practicará las artes del guerrero, mientras que los toscos soldados de las provincias orientales desdeñan estudiar tiro con arco y en cambio pretenden saber todo sobre la Ley Budista o se deleitan en componer versos enlazados o hacer música juntos”.

Mirando a nuestro pasado, lo que rescata mi memoria es la figura del obispo Ezequiel Moreno (1848-1906), gran amigo de Miguel Antonio Caro y acérrimo contradictor de la cabeza del conservatismo histórico, el sangileño Carlos Martínez Silva. Sabía del personaje por referencias hasta cuando el Instituto Caro y Cuervo publicó un Epistolario suyo en 1983, hace 40 años, compilación debida a Carlos Valderrama Andrade de quien el mismo Instituto publicaría en 1986 un libro documentado y más esclarecedor: Un capítulo de las relaciones entre el Estado y la Iglesia en Colombia. Lo que es útil señalar sobre este obispo nacido en un pueblo de Castilla la Vieja en 1848 y ahora santo de la Iglesia es su decidida participación en la política colombiana en contra tanto de los liberales como de la corriente moderada del Partido Conservador, la de Martínez Silva. Su consigna coincide con el título de su obra más conocida, El liberalismo es pecado, lema superado desde el púlpito donde llevó al extremo su sectarismo al declarar que matar liberales no era pecado. Otros, ahora, hablan de exorcismos.

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Bien se trate de zapateros, de religiosos, de militares o de quien se desvíe de sus competencias, según lo previene Kenko, serán “aún más despreciados por esto que por el mediocre desempeño de su propia profesión”. Y el juicio parece inescapable, si bien resulta improbable que el círculo concluya.

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