La visita a China del presidente francés, Emmanuel Macron, y de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a comienzos de abril, tuvo resultados destemplados. Lo que probablemente fue un intento de llevar lo multilateral se encontró con un Beijing más proclive a lo bilateral. El protocolo se encargó de poner las cosas en su sitio: los honores se le ofrecieron a Macron de tal forma que la Comisión Europea quedó marginada y disminuida la pretensión de presentar a Europa unida como interlocutor válido.
Una referencia al pasado podría ser útil para releer lo acontecido. A propósito resulta muy ilustrativo hoy observar...
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