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Japón, la guerra y el “kokusho”

Fernando Barbosa

05 de mayo de 2026 - 12:05 a. m.
“El verano del año pasado en Japón fue el más caluroso desde el reportado en 1898”: Fernando Barbosa.
Foto: Gonzalo Robledo
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El verano del año pasado en Japón fue el más caluroso desde el reportado en 1898. Para el que se aproxima las expectativas señalan que las temperaturas subirán por encima de los 40 °C. Por supuesto, la Agencia Meteorológica de Japón ha prendido las alarmas para prepararse para lo que viene bajo estas nuevas condiciones que ha denominado kokusho, es decir, “calor cruel”.

Sumado a tales fenómenos causados por el cambio climático, un nuevo factor se ha sumado al sofoco que se espera: la guerra de Irán y su impacto en los suministros de petróleo, los cuales tendrán efectos directos en el suministro de energía. Frente a este panorama, he recordado lo que viví en Japón durante el verano de 1979 cuando las consecuencias de la segunda crisis petrolera se hicieron visibles. Las reservas de petróleo con las que se contaba cubrían tan sólo tres meses y la disminución en los suministros que venían de Irán era del diez por ciento.

Ante tal realidad, el gobierno le informó a la ciudadanía los efectos que tendría esta falta de suministros y le solicitó a todos su colaboración para disminuir el consumo eléctrico en un 10 %. Para mis adentros quedé a la espera de que se decretara una emergencia, o que por lo menos se establecieran multas a quienes no siguieran los lineamientos del gobierno. Nada de eso sucedió. No obstante, en el curso de una semana el ahorro de electricidad se redujo más de lo solicitado.

La única acción del gobierno que recuerde fue la de permitirle a los empleados oficiales asistir a las oficinas sin saco y sin corbata. Algo inusitado para una sociedad en la que la formalidad en el vestir es una regla sagrada.

Como el problema podría ser recurrente, las políticas públicas fueron avanzando. En 2005, la ministra del Medioambiente de entonces, Yuriko Koike lanzó la iniciativa conocida como Cool Biz. Fue una campaña para ahorrar energía durante los meses de mayo a octubre, mediante la promoción del uso de vestidos ligeros en las oficinas que redujeran el consumo de aire acondicionado, objetivo tomado de la experiencia de 1979.

El 24 de abril, el mismo personaje, quien desde 2016 es la gobernadora de Tokio, expidió una nueva directriz llamada Tokyo Cool Biz, que busca hacerle frente a lo climático y a los efectos de la guerra en el Medio Oriente. En sus propias palabras, “recomendamos vestimenta informal que priorice la comodidad, incluyendo polos, camisetas y zapatillas deportivas y, según las responsabilidades del puesto, pantalones cortos”, tal como lo reproduce The Times of India de la misma fecha. Pero Koike no se detiene aquí y espera que la iniciativa se traduzca en un aumento del teletrabajo, en un adelanto de las jornadas laborales y en un comportamiento permanente. Y, además, que se extienda más allá de los funcionarios metropolitanos y sea acogida por el sector privado y toda la ciudadanía.

Se trata de decisiones previsivas sustentadas en dos pilares: el público, que no es otra cosa que la determinación política, y el social, representado en la disciplina y en la solidaridad y el respeto por el otro.

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