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A mano alzada

Japón: ¿se arriesga demasiado?

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Fernando Barbosa
23 de abril de 2026 - 05:05 a. m.
“Todavía se desconoce si la idea de una constitución pacifista fue de los mismos japoneses o de las fuerzas de ocupación”: Fernando Barbosa.
“Todavía se desconoce si la idea de una constitución pacifista fue de los mismos japoneses o de las fuerzas de ocupación”: Fernando Barbosa.
Foto: EFE - FRANCK ROBICHON
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Tal como lo relata Ôkita Saburô en el libro sobre su vida*, la derrota de Japón ya era previsible en el primer semestre de1941, antes del ataque a Pearl Harbor. La razón, sostenían los técnicos, era que “la producción había empezado a disminuir y cuando la producción de hierro y acero cae, también disminuye la fortaleza económica y militar de una nación” (1983:21). A pesar de tales pronósticos, triunfó el militarismo y hubo que esperar el desastre nuclear para un desenlace indeseable.

En mi sentir, resulta insensato pensar que hay guerras justas, guerras santas, guerras justificables. Temeridad, desatino, estupidez, atrocidad serían calificativos más aceptables, pero la historia humana parece implacable contra el ideal de la paz. Las incitaciones a la violencia siempre están al día. Aun así, a veces se presentan intentos excepcionales, como lo ha sido el artículo 9 de la Constitución japonesa de 1947, que textualmente dice: “Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o al uso de la fuerza como medio de solución en disputas internacionales. Con el objeto de llevar a cabo el deseo expresado en el párrafo precedente, no se mantendrán en lo sucesivo fuerzas de tierra, mar o aire, como tampoco otro potencial bélico. El derecho de beligerancia del Estado no será reconocido”.

Hasta donde sé, todavía se desconoce si la idea de una constitución pacifista fue de los mismos japoneses o de las fuerzas de ocupación, o de ambos. No obstante, la eliminación de la disposición terminó convirtiéndose en bandera de la extrema derecha que varias veces ha intentado modificarla sin éxito. Pero, según parece, estaríamos próximos a un nuevo intento.

El triunfo electoral de la actual primer ministro Takaichi, de extrema derecha, le ha dado unas mayorías sólidas que, sumadas a los nuevos partidos populistas, no descartan esa posibilidad. No solamente la propuesta de enmienda constitucional ha sido incluida en su programa: también lo ha sido el aumento en los gastos de defensa, en la facilitación de las reglas para convertir a Japón en un jugador en el mercado de exportación de armas y en la revaluación de los principios políticos sobre la tenencia y uso de armas nucleares. Sin olvidar las desafiantes posturas frente a China que desafortunadamente han conducido a respuestas por parte de Beijing que han afectado negativamente algunos sectores económicos de Japón, como el turismo.

Japón, que fue la segunda economía mundial, ha cedido paso a nuevos protagonistas: China, India, Alemania, y ya compite en tamaño con entidades territoriales como el estado de California. Sin embargo, en la política internacional resulta innegable el papel que podría representar como líder de la paz que es la gran fortaleza que logró construir en la postguerra. Posturas como la reciente del ex primer ministro Kishida (asia.nikkei.com – abril 16), quien ha insistido en que el gobierno japonés haría bien en exhortar a Irán a no renunciar al Tratado de no proliferación de armas atómicas, quizás esté señalando un nuevo rumbo.

Las noticias que se conocen estarían indicando que las guerras en Europa y en el Medio Oriente se acercan a unos límites inescapables. No es lejana la hipótesis de que, al igual que el hierro y el acero en 1941, hoy el desafío militar que enfrentan Estados Unidos y Europa sea la dependencia de las tierras raras de China, claves para la producción de armas.

* Ôkita Saburô (1983). “Japan’s Challenging Tears. Reflexions on My Lifetime”. Australia-Japan Research Center. ANU: Camberra.

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