El 20 de enero de 2025, Trump dio comienzo a su discurso de posesión con estas palabras: “the golden age of America begins right now.”
Y continuó: “A partir de hoy, nuestro país florecerá y será respetado de nuevo en todo el mundo. Seremos la envidia de todas las naciones y no permitiremos que se aprovechen más de nosotros. Durante cada día de la administración Trump, pondré, muy simplemente, a Estados Unidos en primer lugar”.
Esta postura, lejos de ser novedosa, tiene orígenes muy remotos. De inmediato pensé en La rama dorada de Frazer, pero más aún, en Los trabajos y los días de Hesíodo. Como también en Mircea Eliade y su Mito y realidad.
Uno de los textos más antiguos que nos habla de una edad dorada es el de Hesíodo. En los versos 105 a 203 de los Trabajos y los días, el autor nos relata las cinco estirpes que ha habido sobre la tierra. La primera, la dorada, seguida por la de plata, la de bronce, la heroica y la de hierro. Siete siglos después, Ovidio en Las metamorfosis dividirá en cuatro las edades del hombre y su decadencia: la edad de oro, la de plata, la de bronce y la de hierro.
Estos dos escritores nos acercan al mito grecolatino de esa etapa inicial de la historia del hombre en la que todo era bueno en un comienzo y cómo, paso a paso, se fue deteriorando. Mito que no es extraño en otras latitudes y culturas como el Paraíso bíblico de la tradición judeocristiana o los tiempos de la virtud perfecta cuando, según Zhuangzi, “los hombres moraban en compañía de las aves y de las bestias, y con todos los seres juntos vivía”.
Nos encontramos así sacudidos por un mito que en términos coloquiales podría resumirse en que todo tiempo pasado fue mejor. Sin embargo, y esa quizás sea la gran paradoja, en vez de fortalecer las expectativas por un mundo mejor, nos lleva a un nostos, al regreso al hogar, al paraíso, que es la brújula de la nostalgia.
Si nos atenemos a considerar los mitos como ficciones, fábulas o invenciones tal como resultó después de su paso por la criba de la razón griega, el asunto no tendría relevancia. Pero si regresamos no sólo a su profundo pasado sino al que circula en el día a día, tendríamos que aceptar, como lo sugiere Eliade, que “esta palabra se utiliza hoy tanto en el sentido de «ficción» o de «ilusión» como en el sentido –familiar especialmente a los etnólogos, a los sociólogos y a los historiadores de las religiones– de «tradición sagrada, revelación primordial, modelo ejemplar»”. En este contexto resulta inequívoca la popularidad y la gran aceptación del escenario tal como se lo plantean no solamente los estadounidenses, sino nosotros mismos.
Ante tal asombro y para tomar la distancia conveniente que me permita digerir el tema, me viene como anillo al dedo este poema de Shidō Bunan (1603-1676): “Muere mientras vivas, / ¡muérete completamente! / Haz entonces / lo que se te antoje / y todo estará bien”.