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Nada nuevo bajo el sol

Fernando Barbosa

01 de septiembre de 2026 - 12:05 a. m.

El nuevo gobierno ya da puntadas sobre lo que podría concretarse en una reforma a la educación. Hace muchos años, en una clase de ciencia política en los Andes, el profesor Fernando Cepeda Ulloa nos dijo: “Miren. Si quieren hacer una revolución, cambien el sistema educativo”. Por aquel entonces se respiraban los aires del mayo del 68, y ese era uno de los temas candentes.

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Por supuesto, hay reformas de reformas. Las de gran calado han obedecido a un proyecto de país. Solamente para señalar una, la que se originó con el Concordato de 1887 con la Santa Sede, tuvo un propósito definido: formar buenos padres de familia que serían fundamentales para el fortalecimiento de la institución familiar que, a su vez, daría paso a buenos ciudadanos. Por supuesto no se trataba de cualquier tipo de familia, se trataba de la familia católica que haría posible dirigir de nuevo el país que había perdido las ataduras durante el período de los radicales.

El objetivo se modificó a medida en que la industrialización comenzó a demandar ciudadanos con capacidades para integrarse a los nuevos procesos. Durante los años 30 la economía tuvo un cambio fundamental y el eje se desplazó de los grandes hacendados a los industriales y más tarde a los comerciantes. Lo que seguiría, posiblemente enmarcado dentro de lo denominado post industrialización, no ha contado con metas educativas definidas para un futuro indeterminado, que es lo mismo que sucede hoy con los saltos inducidos por las nuevas tecnologías. Quizás eso explique los pasos de ciego que hemos venido dando.

Pero la historia no deja de darnos en qué pensar. Esculcando en la memoria, regresé a 1828. El 27 de agosto de ese año se expidió el Decreto orgánico de la dictadura de Bolívar y un par de meses después, el 20 de octubre, aparece la Circular que reforma el plan de estudios decretado por Santander. Los considerandos y las decisiones son de una actualidad asombrosa.

José Manuel Restrepo, a la sazón secretario del interior del régimen, quien suscribió la Circular referida, estableció:

“Los escandalosos sucesos ocurridos en esta capital, a consecuencia de la conspiración que estalló el 25 de septiembre último, la parte que tuvieron desgraciadamente en ellos algunos jóvenes estudiantes de la universidad, y el clamor de muchos honrados padres de familia, que deploran la corrupción, ya demasiado notable de los jóvenes, han persuadido al Libertador Presidente, que sin duda el plan general de estudios tiene defectos esenciales, que exigen pronto remedio para curar de raíz los males que presagian a la patria los vicios e inmoralidad de los jóvenes.

Su Excelencia, meditando filosóficamente el plan de estudios, ha creído hallar el origen del mal en las ciencias políticas que se han enseñado a los estudiantes, al principiar su carrera de facultad mayor, cuando todavía no tienen el juicio bastante para hacer a los principios las modificaciones que exigen las circunstancias peculiares a cada nación. El mal también ha crecido sobremanera por los autores que se escogían para el estudio de los principios de legislación, como Bentham, y otros que, al lado de máximas luminosas, contienen muchas opuestas a la religión, a la moral y a la tranquilidad de los pueblos, de lo que ya hemos recibido primicias dolorosas”.

Y aquí van las reformas que se impusieron por medio de la misma Circular:

“1. Que se ponga el mayor cuidado en el estudio y restablecimiento de la religión, y para la bella literatura…

2. Que se cuide que los estudiantes de filosofía llenen la mayor parte del segundo año con el estudio de la moral y del derecho natural…

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3. Que queden suspensas y sin ejercicio alguno por ahora las cátedras de principios de legislación universal…

4. Que cuatro años se empleen en el estudio del derecho civil de romanos, del patrio y de la jurisprudencia canónica…

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5. Que desde este primer año se obligue a los jóvenes a asistir a una cátedra de fundamentos y apología de la religión católica romana…

6. Que en el quinto y sexto año de estudio de jurisprudencia se enseñen a los estudiantes principios de economía política y de derecho internacional, mezclándolos con los cursos de jurisprudencia civil y canónica...”.*

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En nuestros días, y ya pasados 198 años, puede acogerse sin temor la enseñanza del Eclesiastés: Nihil novum sub sole.

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