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¿Nuevo capitalismo japonés?

Fernando Barbosa

13 de agosto de 2023 - 09:00 p. m.

Cuando en Japón el actual primer ministro Kishida ganó la nominación de su partido en 2021, anunció reformas que estarían enmarcadas dentro de lo que él denominó “nuevo capitalismo”. Las expectativas hicieron pensar en la posibilidad de retomar unas políticas con más contenido social que alentaran un desarrollo como el que surgió a mediados de la década de los 50. Es decir, un sistema económico que llevara bienestar a todos los actores. Pero sus opositores de extrema derecha en la Dieta, empezando por el ex primer ministro Abe Shinzo que aspiraba a regresar otra vez al poder, frustraron el buen propósito y lograron darle más aire al modelo neoliberal: más mercado, menos gobierno.

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Las cosas cambian y nos cambian. El anuncio de que este año los salarios en Japón en las grandes empresas subieron un 3,91 % es una noticia buena y esperada. Esto no había sucedido en las últimas tres décadas. Es un hecho que adquiere la mayor relevancia si se tiene en cuenta lo ocurrido desde 1990, cuando empezó esta larguísima crisis económica que se resume en “los 30 años perdidos”. En este período, Japón debió asimilar un congelamiento de su PIB, de los salarios y de los puestos estables de trabajo junto con una baja productividad. Sin la política del Banco de Japón de mantener las tasas de crédito por debajo de cero, más la ampliación del mercado laboral temporal y femenino, los resultados seguramente hubieran sido peores. El efecto, nada extraño, fue un deterioro en el nivel de vida del japonés. De tal manera, el aumento salarial de este año, así solo sea en las grandes empresas, crea la ilusión de ver una luz al final del túnel.

La pregunta que surge es si una demora tan larga para tomar decisiones necesarias compromete los resultados o no. Manuel Castells, el reconocido académico español, revelaba en una entrevista del 31 de octubre de 2012 para la BBC que sus estudios sobre la gente que ha empezado a vivir de manera diferente —Castells los designa como aquellos “que decidieron no esperar a la revolución”— representan la expansión de lo que él llama “prácticas no capitalistas”. Se apresura a definirlas como aquellas que no están motivadas “por las ganancias, como lo son el trueque, las monedas sociales, las cooperativas, la autoadministración, las redes agrícolas, las redes de servicios gratis que se apoyan en la expectativa de que alguien los devolverá”. Esta anotación tiene que ver con los cambios en el comportamiento y las expectativas del trabajador en Japón. El desánimo de los trabajadores de hoy está lejos de la pujanza de aquellos que se entregaron en cuerpo y alma a construir el milagro económico japonés entre los años 60 y 80. La pregunta, por supuesto, es si esta nueva generación que creció durante estas tres décadas de crisis podrá recuperar el espíritu aguerrido de sus padres o impondrá su propio modelo.

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Sin embargo, los cambios que empiezan a verse ocurren también a nivel de gobierno, que está dando muestras de un viraje hacia un capitalismo más de Estado que de mercado y que pudiera recobrar algo de aquel capitalismo humano, con énfasis en lo social, que en el pasado favoreció el bienestar de todo el país. Por ello resulta muy interesante la reciente compra de JSR Corporation concretada el pasado mes de junio por la JIC (Japan Investment Corporation), controlada por el METI, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria. Llaman la atención en esta transacción las similitudes con la política industrial de los años 60 caracterizada por fijar prioridades y asignar recursos del Estado para promover o consolidar empresas estratégicas. En este caso, lo que se busca es afianzar a JSR, líder en la producción de partes para chips, especialmente de fotoprotectores para semiconductores. Este apalancamiento resulta perfectamente congruente con los cambios que se han producido en este sector a nivel mundial como consecuencia del reacomodo industrial y político generado por la rivalidad entre China y Estados Unidos. Quizás estos hechos nos motiven para reanudar el examen sobre la conveniencia de una política industrial para Colombia, discusión que no ha logrado despegar.

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