Publicidad
11 Jan 2021 - 3:00 a. m.

RECEP: el nuevo Occidente

A mano alzada

El 15 de noviembre de 2020 se firmó en Hanói la Regional Comprehensive Economic Partnership (RECEP, Asociación Regional Económica e Integral), que se convierte en el mayor acuerdo existente de libre comercio. En efecto, los 15 países firmantes (China, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y los diez de la ASEAN) representan el 29 % del PIB mundial y una tercera parte de la población global. Lo cual significa, desde otra perspectiva de la que poco se habla, que los dos tercios que componen el resto del mundo quedan en condiciones de inferioridad frente a los miembros que suscribieron el pacto.

Fuera de las dimensiones del nuevo instrumento, lo que más resalta es que todos sus miembros están localizados en el Pacífico occidental. En tal sentido, con la excepción de Australia y Nueva Zelanda, es lo más próximo al concepto de Ajia Taiheiyô Jidai, es decir, el Asia-Pacífico propuesto en 1968 por Takeo Miki, el entonces ministro de Relaciones Exteriores de Japón. La idea fue reformulada un poco después por el primer ministro Eisaku Satô, en 1970, como Taiheyô Shijidai (nueva era del Pacífico), cuyo objetivo era integrar económicamente al Asia occidental. Estas ideas solo pudieron prosperar cuando cedieron a los intereses y coyunturas de la política mundial, que terminaron ampliando su alcance hasta permitir la inclusión de Australia, Nueva Zelanda, los Estados Unidos y otros países del continente americano. De tal manera, un concepto regional terminó convirtiéndose en otro transcontinental que se concretó en mecanismos como PECC, APEC y en el tratado CPTPP, del cual Estados Unidos no hace parte.

La convergencia de Oriente y Occidente en estos mecanismos no ha sido ajena a las dificultades para digerir los ideales e imaginarios de lado y lado. Quizás el mayor obstáculo ha sido la presión de Occidente para institucionalizar los procesos. El legalismo de este lado del mundo, sin el cual nos sentimos desprotegidos, choca con el pragmatismo del otro lado, cuyo fin es adelantar procesos, no teorizar sobre ellos ni encasillarlos en los minúsculos vericuetos legales a los que estamos tan acostumbrados en estas latitudes.

Las repercusiones de la RECEP no son de poca monta. Y serán mayores si a ella se le suma la iniciativa del Cinturón y la Ruta que lidera China, que transcurre por caminos asiáticos más amoldados a la mentalidad del este del Asia. Por supuesto, los desarrollos que siguen serán largos y complejos. Lo primero que habrá que esperar es la ratificación del acuerdo por parte de seis países de la ASEAN y tres de sus restantes miembros, como mínimo. Y, por supuesto, habrá que perseverar en la vinculación de la India, que se retiró hace un año del proyecto.

Los procesos de integración económica, a lo largo y ancho del mundo, se fundamentan en el mito del libre comercio como garante de la paz, según se estableció después de la Segunda Guerra Mundial. Nadie duda de sus efectos en términos de crecimiento económico, pero tampoco se duda de sus resultados perversos en relación con las desigualdades entre países e individuos, ni de la concentración de la riqueza en pocas manos, situación que reclama nuevos vientos. En la RECEP participan economías de todas las gamas: desde las más débiles, como Myanmar, hasta las más consolidadas, como Japón y China. En tal sentido, el terreno está abonado para cambiar la bandera del comercio libre por la del comercio justo y equitativo. Si este nuevo foro logra liderarlo, no solo esa región sino el resto del mundo le estarían apuntando a la sostenibilidad social y política de todos.

Síguenos en Google Noticias

Temas recomendados

 

Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.