Colombia tiene un mandato claro. La orden de los electores, de manera unánime, es el cambio. El reto ahora es definirlo, estructurarlo, negociarlo e implementarlo. Es una tarea de inmensas repercusiones que requerirá el liderazgo político del presidente Petro y de la cabeza fría de la tecnocracia que esta vez tendrá que combinar la teoría con la imaginación y la innovación para inspirar el país del futuro. Las alternativas se enmarcan entre las posibilidades de que se adopten unos retoques o se adopten las reformas que reclama la inmensa mayoría. Lo que no admite duda es que por fin abrimos la puerta al siglo XXI.
El punto de...
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