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Tokio 1964, Barranquilla 2026

Fernando Barbosa

26 de junio de 2026 - 12:05 a. m.

En el otoño de 1964 se celebraron en Tokio los primeros Juegos Olímpicos de Asia. Ese acontecimiento tuvo una gran significación para Japón, que apareció renacido después de la debacle de la Segunda Guerra Mundial y de los pavorosos bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki. En efecto, los esfuerzos por la reconstrucción de la industria y la economía, lo mismo que las mejoras en la calidad de vida de los ciudadanos, tuvieron su mayor expresión con la presentación del Shinkansen, el tren bala, inaugurado poco antes de los Juegos y convertido en el símbolo del futuro.

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Mishima Yukio escribió cuatro ensayos sobre la ocasión. Aparecieron en el diario Mainichi Shimbun y fueron publicados en 2023 en la Review of Japanese Culture and Society, 2021-2022, Vol. 33/34. El primero de ellos titulado “Un fuego que une el Este y el Oeste”, comienza con la siguiente reflexión:

“Los que se oponen a los actuales Juegos Olímpicos de Tokio tienen razón, por supuesto, pero al observar la Ceremonia de Apertura bajo el soleado cielo de hoy, mi reacción sincera fue: ‘Me alegro de que lo estemos haciendo. De no hacerlo, el pueblo japonés enfermaría’. Anhelaban aquello y se esforzaron para lograrlo. Durante muchos años ha pesado en sus mentes y corazones, hasta que finalmente su sinceridad ha conmovido el corazón del cielo, permitiendo la Ceremonia de Apertura en este día otoñal perfectamente claro y luminoso, aún más refrescante después de varias nubosidades. La idea de los Juegos Olímpicos, reprimida en el corazón de los japoneses durante tanto tiempo, finalmente fue rescatada de forma maravillosa. Cuando al final de la ceremonia miré al cielo sobre el gran estadio y vi las alas brillantes de ocho mil palomas liberadas en un vuelo expansivo, percibí que la ‘idea fija’ de los Juegos Olímpicos había sido recobrada y había serenado el corazón de los japoneses: con esto me sentí tranquilizado. Sin embargo, cabe señalar que una de las tórtolas liberadas se negó a volar hacia el aire y permaneció obstinadamente sobre la grama verde. Debería haber espacio para esas palomas también”.

Inevitable regresar a la Sátira X de Juvenal: pan y circo, e insalvable la comparación con los cierres de campaña en Barranquilla al final de las pasadas elecciones. Al igual que en Mishima, es obvio que los opositores quedaron por fuera del espectáculo al igual que las palomas obstinadas. Pero lo que debe reconocerse es que allí no se trató de la línea de llegada sino de la de partida. El espectáculo se adentró en la sociedad con fuerza y con un gran interrogante: el nuevo monarca llamado algoritmo.

Las sutilezas y lo que cubren las sombras, por lo general pasan desapercibidas. Pero no para Mishima: “A la 1 p.m. en punto, la banda de música de la Fuerza de Autodefensa Terrestre realizó su entrada. ¿Qué vino podría ser más embriagador que una banda de metales? Hace que todo avance, invocando en nosotros los humanos la forma más ingenua de coraje. Una banda de metales está formada únicamente por instrumentos perfectamente acordes con el resplandor de la luz solar, y las enormes bocas de latón de las ocho tubas brillaban intensamente mientras devoraban con avidez los rayos del sol. En cambio, las versiones electrónicas de las campanas de un templo budista que marcaban la entrada del Emperador parecían bastante insuficientes”.

Nuestras formas de comunicación, ahora digitales, habrá que domesticarlas o quizás sea mejor decir, entenderlas. Habrá que digerir la insuficiencia del sonido electrónico de las campanas del templo.

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