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El 1º. de abril el papa León XIV envió un mensaje a los participantes en la plenaria de la Pontificia Academia de la Ciencias Sociales, sobre “Los usos del poder: legitimidad, democracia y la reescritura del orden internacional”. Recordó que “la democracia solo se mantiene sana cuando se fundamenta en la ley moral y en una visión auténtica de la persona humana. Sin ese fundamento, corre el riesgo de convertirse en una tiranía mayoritaria o en una máscara para la dominación de las élites económicas y tecnológicas”.
Desde su elección en el Cónclave de los cardenales el 8 de mayo de 2025, el papa León XIV anunció: “queremos ser una Iglesia sinodal que camina, que busca la paz, y estar cercanos sobre todo a aquellos que sufren”. El papa, ante el recrudecimiento de las acciones de guerra de Israel contra Gaza, imploró a todas las naciones acciones efectivas para terminar ese conflicto. Agregó: “haré todo lo posible para que esta paz se extienda”. Se preguntó: “¿cómo puede Pedro realizar esta tarea? El Evangelio nos dice que esto sólo es posible porque experimentó en su propia vida el amor infinito e incondicional de Dios, incluso en los momentos de fracaso y negación”. La elección del papa fue un acontecimiento religioso de impacto global y no un hecho político.
The New York Times (08-04-2026), relató que el papa había aludido a la amenaza de Trump de “acabar con toda la civilización de Irán”; era verdaderamente inaceptable. “Aquí hay ciertamente cuestiones de derecho internacional, pero aún más, es una cuestión moral que concierne al bien de la gente en su conjunto, en su totalidad”, agregó el papa. El diario comentó que el secretario de Guerra, Peter Hegseth, pidió en marzo a los estadounidenses que rezaran por la victoria y la seguridad de sus soldados, “en el nombre de Jesucristo”.
León XIV advirtió que “Jesús no escucha la oración de quienes hacen la guerra, y la rechaza”. En una homilía previa a la Pascua, dijo que la misión cristiana había sido “trastocada por lógicas de dominio, totalmente ajenas al camino de Jesucristo”. El domingo de Pascua, el papa renovó su llamado a la paz. “Dejemos a un lado toda voluntad de disputa, de dominio, de poder, e imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras”.
El primer rebote al bumerán de Trump provino, precisamente, del presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, el arzobispo Paul Stagg Coakley: “Me entristece que el presidente haya optado por escribir palabras tan despectivas sobre el santo padre. El papa León XIV no es su rival, ni es político. Es el vicario de Cristo que habla desde la verdad del Evangelio y por el cuidado de las almas”. La Presidencia de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) agregó “su plena comunión con el santo padre León XIV”, y lamentó “las palabras que le dirigió en las últimas horas el presidente de Estados Unidos, Donald Trump”. Episcopados de América Latina, Colombia, Perú, Panamá, Chile, Costa Rica, Brasil, Argentina, agrupados en el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), expresaron su cercanía al papa León XIV, “destacando su liderazgo espiritual en un mundo marcado por conflictos en regiones como Ucrania, Sudán y Líbano. El rebote al bumerán de Trump fue mundial.
Trump había amenazado anteriormente con destruir todos los puentes y centrales eléctricas de Irán, si Teherán no permitía el paso seguro de buques comerciales por el estrecho de Ormuz. La destrucción deliberada de infraestructuras civiles está prohibida por el derecho internacional. Esta amenaza suscitó la condena de legisladores demócratas y republicanos, así como de funcionarios de las Naciones Unidas y otros dirigentes de todo el mundo.
A las exhortaciones del papa León XIV sobre la paz y la suspensión de las acciones de guerra y del dominio del poder en diversas regiones del mundo, Trump reaccionó públicamente calificando al sumo pontífice como “débil frente al crimen y terrible para la política exterior”. Atentó contra la sabiduría del Cónclave, asistida, según la tradición católica, por el Espíritu Santo, que eligió al cardenal norteamericano Robert Francis Prevost, al especular que fue escogido, no por su virtud, sino porque él era el presidente de los Estados Unidos, y los cardenales “pensaron que esa sería la mejor manera de lidiar con el presidente Donald Trump. Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”.
El cronista Jason Horowitz, de The New York Times, escribió el 16 de abril que la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, quien era considerada cercana a Trump, salió en defensa del pontífice estadounidense diciendo: “Encuentro inaceptables los comentarios del presidente Trump sobre el santo padre”. A este rebote de política internacional, en entrevista telefónica con el Corrriere della Sera, Trump atacó a la premier italiana por ese respaldo y por su negativa a involucrarse en la guerra “preventiva” lanzada junto a Israel contra Irán.
Entre tanto, el papa, en camino a Argelia, dijo: “Dios no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios; el corazón de Dios está con los pequeños y los humildes y con ellos construye día a día su reino de amor y paz. Dondequiera que haya amor y servicio, allí está Dios”. Añadió: “No le tengo miedo a la administración Trump, ni a hablar en voz alta sobre el mensaje del Evangelio, que es para lo que trabaja la Iglesia”.
Luego, en Annaba, en un centro para ancianos, donde fue obispo San Agustín (Hipona), orden a la que pertenece el pontífice, expresó: “ Estoy contento porque Dios habita aquí, porque donde hay amor y servicio allí está Dios”. Agregó: “Pienso que el Señor, desde el cielo, viendo una casa como esta, donde se busca vivir juntos en fraternidad, puede pensar: ¡pues hay esperanza! Sí, porque el corazón de Dios está desgarrado por las guerras, la violencia, las injusticias y las mentiras”.
El papa León XIV es el vicario de Cristo y no es un rival político para nadie.
