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En cuatro horas cambió la tendencia y al tercer día sucedió la catástrofe

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Fernando Galindo G.
15 de agosto de 2026 - 04:17 a. m.
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Mientras Gustavo Petro abandonó (sin pena ni gloria) el Palacio de Nariño el 7 de agosto a las 12:35 p.m., en el Auditorio de la Universidad Santiago de Cali, Carlos Andrés Pérez Galindo, con el ingreso de los cuerpos colegiados del Congreso Nacional, se preparaba el escenario para la posesión del nuevo presidente Abelardo de la Espriella. De los 103 senadores, asistieron 70 y de los 183 de la Cámara de Representantes, 131.

Entre los invitados especiales figuraron el rey Felipe VI de España, y los presidentes Javier Milei, de Argentina; Daniel Novoa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; José Antonio Kast, de Chile; Nasry Asfura, de Honduras. Además, dos vicepresidentes y 15 cancilleres de gobiernos extranjeros. En representación del Vaticano, el nuncio Apostólico del Ecuador. Igualmente, delegados del gobierno de los Estados Unidos. También asistió Gianini Infantino, de la FIFA.

Las altas cortes, la fiscal, el registrador nacional, el contralor, el procurador, la defensora del pueblo y los expresidentes César Gaviria, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe e Iván Duque ingresaron al auditorio. Las esposas e hijos del presidente y del vicepresidente, Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo: Ana Lucía Pineda y Tatiana Céspedes Arboleda acompañaron a los elegidos.

A las 4:30 p.m., después de comprobar el quórum de los parlamentarios y aprobar el orden del día, el presidente del Congreso ,Honorio Henríquez, tomó el juramento al presidente, y le impuso la banda presidencial. El presidente, a su vez, tomó el juramento al vicepresidente Restrepo. El senador Henríquez celebró la posesión del presidente de la Espriella, resaltando la disposición del Congreso para mantener una relación armoniosa con el Ejecutivo y el poder judicial. “Es el momento de cambios profundos y grandes decisiones, que solo es posible bajo su liderazgo y con la unidad de la Nación, que usted, como presidente, está en el deber de convocar”. Enumeró las necesidades de los colombianos en la seguridad, en la salud, la corrupción y la necesidad de reducir, cada vez más, la tasa de desempleo.

Siguió el componente religioso, con la coordinación del capellán de la Presidencia de la República, Álvaro Duarte Torres. Presentó a Maía, que interpretó el Aleluya, del canadiense Leonard Cohen. Habló el rabino David Michán, un pastor evangélico, y el presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, monseñor Francisco Javier Múnera Correa.

Mientras las cámaras enfocaban a los intervinientes, el presidente De la Espriella se ubicó en el campo de paradas del Cantón Militar Nápoles (Batallón Pichincha), sede de la Tercera Brigada del Ejército, al que ingresó por tierra para cumplir su promesa de respaldar a las Fuerzas Militares, tan humilladas en la pasada administración, que empoderó a los forajidos de Iván Mordisco, del ELN y del Clan del Golfo. Estos sujetos ejercieron control territorial en diversas regiones del país.

El presidente advirtió, que, en la declaración de guerra contra el narcoterrorismo, “la opción del diálogo está completamente agotada. El Estado será contundente y certero contra el crimen”. Mencionó que se restablecerá la fumigación en las áreas de cultivo de la hoja de coca con herbicidas de última generación; construcción de megacárceles y blindaje jurídico para la Fuerza Pública. Inscribió a Colombia en el “Escudo de las Américas”, simbolizando la alianza internacional de inteligencia y persecución de las finanzas criminales, liderado por el presidente Trump. Anunció el congelamiento del gasto estatal, la reanudación de la industria petrolera, la lucha contra la corrupción: “que oigan bien,quienes saquearon a Colombia: no habrá impunidad, no habrá escondite en el que puedan evadir las consecuencias de sus actos”. Ratificó su respeto por la Constitución, por la separación de los poderes públicos, y por la Junta Directiva del Banco de la República. Al cierre de la ceremonia en el batallón, posesionó a sus ministros, al director del DAPRE, y a la consejera para las regiones. Adelantó un consejo de seguridad con las autoridades del Valle, de Cauca y de Nariño.

Al día siguiente ordenó el traslado de forajidos que estaban cómodamente alojados en la cárcel de Itagüí y algunos habían participado en el “tarimazo” de La Alpugarra en Medellín, en presencia del mandatario saliente. Fueron enviados a cárceles de alta seguridad. La delincuente Epa Colombia, que destruyó salvajemente una estación de Transmilenio, fue enviada a la cárcel La Picaleña de Ibagué.

En la noche del 10 de agosto, el presidente De la Espriella autorizó un bombardeo en la región del Catatumbo contra un campamento del ELN. También fue dado de baja el forajido alias “el ruso”, de la estructura 28.

El lunes 10 de agosto, las autoridades gubernamentales, nacionales y municipales, y toda la ciudadanía en el territorio nacional, nos vimos sorprendidos por el terremoto ocurrido a las 7.34 a.m., con duración instrumental de 90 a 120 segundos, y una intensidad de 7,4, ocurrido en San José del Palmar, en el Departamento del Chocó.

El presidente Abelardo de la Espriella declaró el desastre de carácter nacional por el Decreto 1171 de 2026, y la emergencia económica. Ha visitado el Eje Cafetero y el Chocó. Anunció la creación del “Fondo Milagro” para atender a las víctimas. Ha sostenido reuniones de urgencia en el Palacio San Carlos de Bogotá, con algunos ministros y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, desde donde ha emitido boletines sobre la evolución de los hallazgos de la catástrofe.

Activó un crédito con el Banco Mundial por $450 millones de dólares. El ministro Gómez postergó por un mes la fecha de declaración y pago del impuesto de renta en las regiones afectadas: Antioquia, Caldas, Cauca, Chocó, Quindío, Cundinamarca, Risaralda, Huila, Valle del Cauca, Tolima, Putumayo, Norte de Santander.

El presidente De la Espriella emitió el boletín del 13 de agosto, con datos de la UNGRD: fallecidos: 273. Heridos: 3.824. Desaparecidos: 377. Fallecidos en capitales, (Asocapitales): 204. Víctimas identificadas (Medicina Legal): 205. Capitales en alerta roja: 5.

Afectaciones reportadas. Familias afectadas: 40.753. Personas afectadas. 97.515. Viviendas destruidas: 12.584. Viviendas averiadas: 74.873. Edificios colapsados: 172. Centros educativos: 2.198. Centros comunitarios: 825. Centros de Salud: 216. Acueductos: 71. Entidades bancarias: 29. Aeropuertos: 5. Animales afectados: 242. Animales rescatados: 99. Estos últimos datos procesados por Sol Silvana ZB, en la red Auditoría en Salud.

Ante la magnitud de la tragedia, la respuesta de solidaridad de los colombianos ha sido admirable. En las zonas afectadas se registra la movilidad ciudadana para redirigir las ayudas en los centros de acopio y en la limpieza cuidadosa de los escombros, en búsqueda de víctimas que pueden estar vivas. La industria y los empresarios han destinado recursos necesarios y oportunos, que se unen a la ayuda de estados amigos. Varios países han desplazado brigadas especializadas en el rescate de víctimas de estos desastres naturales.

La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres se creó mediante el decreto 4147 de 2011 y es, en el contexto del terremoto del lunes 10 de agosto, que la opinión pública reclama que los perpetradores del desfalco a esos recursos ocurridos en el gobierno de Gustavo Petro, sean castigados en la dimensión de “delito de lesa humanidad”. Vale repetir la cita del discurso del presidente De La Espriella: “que oigan bien quienes saquearon a Colombia: no habrá impunidad, no habrá escondite en el que puedan evadir las consecuencias de sus actos”.

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