El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La esperanza del péndulo electoral hacia el centroderecha

Fernando Galindo G.

26 de junio de 2026 - 10:59 p. m.

La tendencia pendular en las democracias europeas y latinoamericanas corresponde al desencanto de las poblaciones con la gestión de sus gobiernos, por el incumplimiento a las promesas electorales de las campañas, y muy poco con las orientaciones ideológicas. La alternancia electoral es el instrumento de las democracias para castigar a quien les falló y dar la oportunidad a quien ofrezca un rumbo diferente.

PUBLICIDAD

Es precisamente lo ocurrido el 21 de junio, con el voto castigo al errático gobierno de Gustavo Petro, quien, de acuerdo con la afirmación de Carlos Carrillo, exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD, al analizar la psiquis política del jefe del Estado, afirmó que “no solamente fue guerrillero, sino que nunca dejó de pensar como un comandante de la guerrilla”. Agregó que quienes acudieron a las urnas y eligieron al actual mandatario conocían perfectamente quién era y cuáles eran sus antecedentes”.

Petro desaprovechó su momento y engañó, no solo a sus votantes, sino a la sociedad colombiana que rechaza a todos los movimientos guerrilleros. Petro, en un largo mensaje en la noche del 23, se extrovertió ofendiendo a toda la Nación: “podría levantarme en armas ‘legítimamente’ y llevarme una parte del ejército y llamarlo libertador…” ¿A qué ejército se referiría, que no son las fuerzas armadas de Colombia que defienden la Constitución, y por consiguiente, la validez del proceso electoral colombiano? Petro comprueba que no merece la dignidad de haber sido elegido en 2022. ¡Qué dolor de patria¡.

La oscilación del péndulo está ahora del lado de Abelardo De la Espriella, quien tiene la responsabilidad de no frustrar la esperanza ciudadana depositada en él, por ser el triunfador de la segunda vuelta presidencial. La narrativa de declararse como un “outsider”, sin partido político, jugó a su favor, porque simboliza el rechazo a la clase política, tradicionalmente ligada a la negociación perversa con el Ejecutivo, para condicionar la aprobación de los proyectos del gobierno, por los contratos que los beneficien a ellos y a sus camarillas. Las mayorías legislativas se deben concertar sobre la conveniencia para el progreso del país y el bienestar de la ciudadanía.

Abelardo tiene que ser implacable en no dejar contaminar su gobierno con personajes caracterizados por ser proclives a esa corrupción tradicional de la “mermelada”.

Ese es el verdadero cambio de las costumbres políticas, que debe perdurar, no solo en su período, sino sembrar la impronta para sus sucedáneos en el ejercicio del poder. Los congresistas y sus unidades legislativas son pagados con generosidad por el presupuesto nacional. Si no tienen vocación de servicio público, deben renunciar a sus curules y dedicarse a actividades que satisfagan sus ambiciones económicas.

El mismo concepto implica a su gabinete y a los diversos nombramientos de la administración, en todas las ramas del gobierno. Ese es el país que queremos al sufragar por él. En su discurso de Barranquilla en la noche del 21 agregó: “sí podemos reconstruir la República, gobernar con cero corrupción, sin lugar para la politiquería, para volver a lo que hay que ser: una nación respetada. Sí podemos convertir a Colombia con el apoyo y el fervor del pueblo y la ayuda de Dios en una patria milagro”.

Resulta beneficioso para el bien común, que la diferencia en el balotaje presidencial sea apenas de 251.854 votos, porque la oposición representa la otra mitad que no sufragó por Abelardo y va a estar encabezada por el señor Iván Cepeda. Él y su bancada estarán vigilantes a los nombramientos del Ejecutivo, para denunciar sin compasión los eventuales errores del gobierno. El señor Cepeda, al aceptar que Abelardo es el presidente, se erige, para la estabilidad de las instituciones del Estado, como el jefe de la oposición.

Tanto Abelardo como José Manuel Restrepo deben tomarse el tiempo necesario para examinar con lupa inquisidora los nombres de sus colaboradores. Cualquier antecedente de un candidato, en su vida privada o en la administración pública, debe descartarse oportunamente, para no dar espacio a la crítica de la oposición y de la ciudadanía. No es tarea fácil, pero es imprescindible en el contexto político actual.

No ad for you

Los colombianos, independientemente de sus preferencias políticas, deben validar el cambio del lenguaje entre el que fuera candidato en campaña, y el del ahora presidente electo. Se comprometió a gobernar para todos los colombianos, sin distinción entre quienes votaron por él y quienes optaron por otros candidatos. Enfatizó que no habrá vencedores ni vencidos, y que su administración se basará en la reconciliación y el respeto mutuo. Complementó que en democracia no hay enemigos irreconciliables con diferentes opiniones, todos con los mismos derechos. Proclamó su observancia de la Constitución, que establece que el presidente debe simbolizar la unidad nacional y dijo asumir esta responsabilidad como un mandato sagrado. Insistió en que tratará de convencer a sus opositores sobre sus propuestas, en el escenario democrático de gobierno-oposición. El presidente electo se ha referido a que su “triunfo expresa la voluntad del un pueblo para recuperar su destino, la dignidad nacional, la República y la esperanza”.

La Silla Vacía, cruzando los resultados de la segunda vuelta en los diversos territorios, concluye que Abelardo movilizó a una “clase popular, andina y conservadora”. Agrego que certifica su arraigo para competirle a la izquierda en el uso de los vocablos “pueblo y popular”, que dejan de ser exclusivos de esa tendencia, con la que construyeron ideología en el gobierno que termina. A ese respecto, el presidente electo, aparte de su agenda con la que ganó la nominación presidencial, debería ocuparse de encausar el sistema de medios públicos, las agencias nacionales de telecomunicaciones, como Inravsión (recientemente incorporada), Señal Colombia y el informativo RTVC. Estas dependencias en el gobierno saliente equivocaron su función púbica y, bajo la dirección del cuestionado Hollman Morris, se convirtieron en fortín político para enaltecer al presidente y orientar la información hacia el candidato del gobierno. 50 mujeres entre periodistas, escritoras y abogadas firmaron una carta titulada: Las acciones que Hollman Morris, director de RTVC, ha adelantado sistemáticamente para silenciar a las mujeres que lo denuncian.

No ad for you

El gobierno entrante debe utilizar estos medios para mantener actualizadas sus realizaciones, promover la educación cívica sobre la instituciones en las que se soporta la democracia y el sentido de pertenencia a la nueva nación que el presidente De la Espriella ha convocado, para ser construida por todos los colombianos.

Parche. Los votantes colombianos que participamos en el balotaje del 21 junio agradecemos al registrador nacional, Hernán Penagos, al Consejo Nacional Electoral, a los veedores nacionales e internacionales, a los jurados de las mesas, a los jueces de los escrutinios de los diversos niveles, la pulcritud y la eficacia en la información oportuna de los resultados, que, a pesar del mandatario actual, nos enaltece a los ciudadanos porque es un sistema admirable y digno de imitar en otros países, como dijo el senador Bernie Moreno de los Estados Unidos.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.