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La toxicidad del flúor sistémico: revisión científica contemporánea

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Fernando Galindo G.
18 de julio de 2026 - 04:59 a. m.
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Este es un debate antiguo protagonizado por investigadores internacionales que han documentado que el flúor sistémico, en agua potable o en sal de cocina (el caso de Colombia) es innecesario como insumo de salud pública para prevenir la caries dental en la población infantil. A su vez, comprueban los efectos nocivos de tal medida en el metabolismo general de los seres humanos.

A nivel de instituciones reguladoras estatales, el secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., afirmó que “quiere que las comunidades dejen de fluorizar el agua y está poniendo en marcha los mecanismos gubernamentales para ayudar a que eso suceda” (AP News, 8-04-2025). Al mismo tiempo, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) anunció que revisaría la nueva información científica sobre los posibles riesgos para la salud del flúor en el agua potable. Quiere decir que la reversión de la política sobre el flúor se ha convertido en una prioridad durante la administración del presidente Trump.

El juez federal de distrito Edward Chen emitió un fallo histórico en 2024, ordenando a la EPA regular el flúor en el agua potable, que, a ciertos niveles, podría estar asociado con un descenso del coeficiente intelectual en menores. Se fundamentó en un informe del Programa Nacional de Toxicología del gobierno federal, que resumió estudios realizados en Canadá, China, India, Irán Pakistán y México, y concluyó que beber agua con más de 1,5 miligramos de flúor por litro, más del doble del nivel recomendado, podría estar asociado con coeficientes intelectuales más bajos en niños.

Dos estados, según reporte de 2026, Utah y Florida, prohibieron la fluorización del agua potable. Otros estados y comunidades están examinando replantear dicha política, acogiendo la petición del secretario Kennedy. La agencia EPA ha constituido un comité de evaluación sobre la toxicidad del ion flúor.

En publicación reciente, en el European Journal of Oral Health, junio, 2026, los profesores Bente Nyvard y Ole Fejerskov, de la Universidad Aarhus de Dinamarca, evaluaron “la sobresaliente reducción y los sostenidos bajos niveles de la caries dental en las poblaciones nórdicas. Explicaciones e implicaciones para la salud pública”. Iniciaron su revisión citando, precisamente, la política del secretario Kennedy del gobierno Trump, mencionada previamente. Concluyen que el flúor sistémico tiene un efecto menor en la prevalencia de la caries dental. Consideran relevante que los beneficios para la salud oral de las poblaciones examinadas no se soportan en el uso del flúor sistémico, sino en las medidas de higiene oral de cremas dentales con flúor controlado y en aplicaciones tópicas del agente y en programas escolares de enjuagatorios, igualmente supervisados por personal auxiliar. Quiere decir, que en los países que soportan el flúor sistémico en agua o en sal, es por la acción tópica sobre los órganos dentarios, pero con los riesgos de la intoxicación sistémica conocidos en las investigaciones epidemiológicas.

La primera manifestación de la intoxicación sistémica por flúor es la aparición de estrías y manchas blancas en el esmalte dentario, que, algunos funcionarios del sector salud lo reducen a un defecto cosmético, desconociendo que otros tejidos orgánicos pueden estar simultáneamente comprometidos en la intoxicación sistémica por el exceso de flúor, como el óseo y el renal. Existen múltiples referencias en la literatura científica que soportan el daño a dichos tejidos. (Littleton, J. Paleopathology of Skeletal Fluorosis. Am J Phys Anthropol., 1999, 109:465-483. Spak, C., Berg, U., Exstrand, J., Renal Clearance of fluoride in Children and Adolescents, Pediatrics, 1985, 75:575-579).

En marzo de 1998, en conferencia sobre la fluorosis presentada en Bogotá, acuñé la definición: “Fluorosis dentaria es un indicador clínico tardío, de una intoxicación sistémica por flúor, ocurrida durante el período de desarrollo y/o de la mineralización de los dientes afectados”.

La enfermedad ha sido endémica en algunos municipios colombianos como Luruaco y Usiacurí (Atlántico); Margarita (Bolívar); San Martín (Cesar); San Juan del Cesar (Guajira); Gigante, Hobo y Suaza (Huila); Arboledas y Salazar (Norte de Santander); Puerto López (Meta); Cepitá (Santander); y más recientemente, (2002), en Yondó (Antioquia) y en Agua de Dios (Cundinamarca). En dichas poblaciones, la fluorosis incide porque las aguas de las que se surten los acueductos contienen altas concentraciones de fluoruros.

A esta prevalencia, se sobrepone la fluorización de la sal de cocina, ordenada por el gobierno de Belisario Betancur en 1988.

El decreto 2024 ordenó adicionar de 180 a 220 miligramos de flúor por kilogramo de sal para consumo humano. La imprecisión en el gramaje de la dosis insinúa el error de la metodología. En inspección a la planta de Refisal en Zipaquirá, (1991), se encontró que se adiciona fluoruro de potasio (KF) por aspersión aérea húmeda, sobre un cinturón circulante que conduce la salmuera de la mina. Esta no es de volumen uniforme, lo que explica la imprecisión en el gramaje.

La epidemia de fluorosis fue detectada a principios de los años 90 en varias ciudades del país que no habían padecido esa enfermedad, lo que condujo a realizar diferentes estudios clínicos que confirmaron su ocurrencia, en cerca del 50 % de la población infantil colombiana. La relevancia histórica radica en que su aparición sucedió a los pocos años de la iniciación de la fluorización de la sal.

La estabilidad del flúor en la sal de cocina vendida en Colombia fue evaluada por dos estudios de laboratorio. En el primero de corte longitudinal, se midió el flúor iónico soluble durante un año, demostrándose que la concentración del ion flúor soluble agregado a la sal de cocina aumenta con el tiempo de almacenamiento. (La Estabilidad del flúor en la sal de cocina. Estudio de Laboratorio. Galindo F., Galindo D. Fundación Santa Fe de Bogotá, Anuario, 1992, 41-46). Solo un porcentaje muy reducido (7,78 %) de las muestras analizadas estuvo dentro del rango estipulado por el Ministerio de Salud, de 180 a 220 ppm. El segundo estudio evaluó la concentración total al someter las muestras de sal al proceso de hidrólisis y desdoblamiento del flúor ligado a compuestos químicos. (La estabilidad del flúor en la sal de cocina. Estudio de Laboratorio. Segunda parte. Galindo F., Galindo D. Fundación Santa Fe de Bogotá, Anuario, 1993. 121-126). Se encontró que el 43,56 % de las muestras presentaron una concentración menor al rango preestablecido, el 53,33 % registraron una concentración mayor y solo el 3,11 % estuvo dentro del mencionado rango.

Por consiguiente, la fluorización de la sal de cocina que patrocinó la Organización Panamericana de la Salud (en remplazo de la del agua potable) no solo condujo a la prevalencia de la fluorosis dentaria por intoxicación sistémica, sino al incumplimiento de la norma en los productos comerciales evaluados: Sal Yodada, Sal Salero, Sal Tayrona, Sal Refisal, Sal Picnic y Sal Susal.

Los efectos adversos asociados con la exposición al flúor sistémico implican consideraciones sobre el manejo de los riesgos, con la interacción de los derechos de la población en las políticas de salud pública. El debate global sobre la fluorización sistémica ha favorecido que en diversos países la ciudadanía se informe e interprete que es una “medicación masiva”, que tropieza con derechos constitucionales, como la libertad de escoger y la autodeterminación en procedimientos médicos. (Fluoride and caries prevention: a scoopoing Review of public health policies. Veneri F. et al. Ann Ig. 2024; 36: 270-280).

Con esta evidencia, la comunidad científica colombiana ha solicitado a los gobiernos pasados que se suspenda definitivamente la fluorización de la sal de consumo humano y se implementen los programas de salud oral, basados en el exitoso modelo de los países escandinavos. Solicitud que ha sido sistemáticamente desatendida.

Esta es la propuesta para el nuevo gobierno del presidente Abelardo de La Espriella y sus funcionarios del sector salud.

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