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La dinámica que generó la suspensión de las fumigaciones con el glifosato debería inducir la decisión gubernamental de terminar con la fluorización de la sal de consumo humano, aplicando el elemental “principio de precaución”, al que aludió el editorial de El Espectador, “La decisión correcta”, del pasado 17 de mayo.
La comunidad científica nacional ha documentado con diferentes estudios clínicos que la epidemia de fluorosis dentaria, detectada a principios de los años 90, afecta al 50% de la población infantil colombiana. La relevancia histórica de tales hallazgos radica en que la ocurrencia epidémica sucedió a los pocos años de la iniciación de la fluorización de la sal, ordenada por el gobierno de Belisario Betancur, en 1988.
Se acuñó una definición que permitiera a las autoridades estatales de la salud dimensionar las implicaciones biológicas de la fluorosis, como un indicador clínico tardío, de una intoxicación sistémica por flúor, ocurrida durante el período del desarrollo y/o de la mineralización de los dientes afectados.
El efecto sistémico de la intoxicación por flúor se describe en la publicación de Lancet Neurology, 2014, (una de las revistas más autorizadas en la literatura científica médica), de los doctores Philippe Grandjean, de la Universidad del Sur de Dinamarca, y de Philip J. Landrigan, de la Universidad de Harvard. El título del estudio hace evidente la gravedad de la intoxicación: “Neurobehavioural effects of developmental toxicity”. (Efectos neuroconductuales de la toxicidad en el desarrollo).
Los autores establecen la vulnerabilidad específica del cerebro humano a la exposición de agentes químicos tóxicos, durante la vida intrauterina, la infancia, y la niñez temprana. Respecto al flúor, incluyen un metaanálisis de 27 estudios de niños expuestos a flúor sistémico, que registraron en promedio una disminución de siete puntos en el índice de coeficiente intelectual (IQ), comparados con población no consumidora de flúor sistémico. Aparte del neuronal, otros tejidos orgánicos puedan estar simultáneamente comprometidos en la intoxicación sistémica por el exceso de flúor, como el óseo y el renal. Existen múltiples referencias en la literatura científica que soportan el daño a dichos tejidos. (Ejemplos: Littleton, J. Paleopathology of Skeletal Fluorosis . Am J Phys Anthropol., 1999, 109:465-483. - Spak, C., Berg, U., Exstrand, J., Renal Clearance of fluoride in Children and Adolescents., Pediatrics, 1985, 75:575-579).
Ante esta abrumadora evidencia el gobierno del presidente Santos y su ministro de Salud, Alejandro Gaviria, pueden disponer, de manera inmediata, la suspensión de la fluorización de la sal e implementar programas de salud pública con base en el uso racional de agentes tópicos que contengan flúor. Se le proporcionaría un gran beneficio a la salud y al desarrollo de la niñez colombiana.
Parche 1. Tan repugnante fue la columna de Mauricio Pombo, “Los galanes del erario”, como la actitud del director de El Tiempo, que permitió la mofa ofensiva a apellidos de familias colombianas. El viejo adagio, “la pared y la muralla son el papel de la canalla”, resultó trocado.
Parche 2. Sombría perspectiva para el precandidato-vicepresidente (y para el país), cuyo partido Cambio Radical concede avales aforados por el poder económico de una familia de la Costa y, según Petro, por los contratistas del interior.
Parche 3. El presidente Carlos Lleras Restrepo y el mártir Luis Carlos Galán lucharon por la purificación de la clase política colombiana. Ojalá los honren en Cambio Radical.
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