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La gran ilusión

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Fernando Toledo
20 de agosto de 2013 - 09:36 p. m.
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Valga como título el nombre de la gran película de Jean Renoir de 1937, porque esa sensación produce observar los proyectos que, exhibidos en el Archivo Distrital, participan en el concurso cuyo fin es otorgar la ejecución de la última etapa de la puesta a punto del Teatro Colón.

 De hecho, se trata, más que de una renovación, de la construcción, preservando desde luego en su integridad la sala centenaria, que es una joya, de un centro cultural que, una vez terminado, le otorgará al coliseo decano de las artes escénicas la categoría de un foco de producción de alto nivel. El asunto trasciende, y con mucho, la defensa de una lámpara vieja, y sin mayor importancia, o de unos arcos vetustos que, más allá de consideraciones románticas, limitaban el uso del escenario.

Ante los diseños y planos expuestos, codificados como es menester para mantener el anonimato, y en particular frente a los cinco finalistas, la boca se le vuelve a cualquiera, como suele decirse, un charco. Amén del escenario cómodo y amplio, en el cual se trabaja ya y que constituye la segunda etapa de la obra tras la ya finalizada restauración de la sala misma, se levantará una infraestructura asombrosa, la llamada tercera fase, cuya construcción se iniciará una vez proclamado el ganador. El resultado, a juzgar por las propuestas, no podrá ser más atractivo: camerinos suficientes para albergar una nómina extensa de figurantes; patios, accesos y zonas de descanso para el público; una gran sala alterna, otra experimental y un lugar para que ensaye la Sinfónica Nacional sin comprometer otros espacios; zonas para talleres de escenografía y vestuario; una tienda y, por fin, los tan anhelados parqueaderos. En pocas palabras, unas instalaciones que hasta hace poco hubieran parecido impensables.

Hay que destacar el nivel de los jueces que eligieron a los finalistas y que escogerán el vencedor. Hay dos expertos, colombianos con credenciales de sobra en restauración y urbanismo patrimonial, y tres pesos pesados internacionales en la edificación de teatros y centros culturales en Europa y en los Estados Unidos. Pero lo que más emociona al revisar las propuestas seleccionadas, cualquiera de las cuales cumple a cabalidad con las expectativas, es que empieza a vislumbrarse la realidad de un complejo cultural muy ambicioso que fraguará en La Candelaria, habida cuenta de la Biblioteca Arango y del Centro García Márquez, un sustancial eje artístico y que salvaguardará, con ingente nobleza, un recinto tan entrañable, como es el Colón, que ha cobijado a lo largo de 121 años a la gran cultura universal.

 

*Fernando Toledo

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