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Inevitablemente, pues no vivimos en un islote separado del resto de la humanidad, el debate sobre el decrecimiento está sobre la mesa. Por supuesto, una cosa es decir que una idea es interesante, y otra adoptarla como programa de gobierno. En esta columna explicaré por qué pienso que, de decantarse por esta segunda opción, el Gobierno del cambio estaría aplicándose la eutanasia. Hay muchos argumentos, pero aquí presento dos. Primero, las cuentas no parecen cuadrar y, segundo, aunque el tema esté de moda, bastante de lo que he leído por parte de sus defensores resulta endeble. Naturalmente, se necesitaría más espacio para...

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