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¿Abstención?

Francisco Gutiérrez Sanín

17 de septiembre de 2009 - 08:55 p. m.

AL AUMENTAR BRUSCAMENTE LAS probabilidades de que se apruebe el referendo reeleccionista, muchos defensores de la democracia ya estarán preguntándose si deben participar en él o no. No es una decisión fácil. Tiene en realidad dos dimensiones.

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La abstención implica necesariamente una declaratoria severa de “no confianza” en las reglas de juego. No debiera por tanto utilizarse jamás en una democracia estable, ni jugarse con ella a la ligera. Sólo violaciones y deformaciones de las reglas de juego repetidas y en gran escala justifican su declaratoria. Esta es, digamos, la dimensión normativa. Pero además, como herramienta, la abstención no siempre da resultado; a veces es exitosa, a veces es contraproducente (véanse por ejemplo los debates sobre su conveniencia en el Perú de Fujimori). No hay una fórmula mágica ni un principio universal; toca evaluar caso por caso. Esta es la dimensión estratégica del problema.

¿Cómo estamos en Colombia? Parecería que nos encontramos en un terreno limítrofe con respecto de ambos criterios. Normativamente, la aprobación de la reforma reeleccionista chorrea falta de decoro. Estamos frente a dinámicas que van mucho más allá de la simple corrupción. Cierto: no hay diseño institucional que esté a salvo, ni coima que no se ofrezca, para garantizar la continuidad en el poder de una sola persona; pero el costo ha sido aupar a los socios de la coalición que tienen un pie, al menos, en la ilegalidad. ¿Qué más puede significar la reforma de las competencias de la Corte Suprema de Justicia para juzgar a los parlamentarios, propuesta por el equívoco psiquiatra que encabeza al partido de la U? Ahora ya se habla de cambiar el censo electoral, para facilitar a Uribe superar el umbral. Se cocinan dos propuestas en esta dirección. La primera es simplemente una revisión que sacaría “técnicamente” a miles de personas. La segunda es eliminar de la base sobre la que se cuenta la proporción de votantes a los abstencionistas de elecciones anteriores, un engendro que va directamente contra el espíritu de las normas que inspiraron la creación del umbral y que tendría dos consecuencias: a) hacer del referendo un simple rito legitimador, en el que el resultado está asegurado; b) mostrar de manera patente que no se respetan los derechos básicos de las minorías. Diseños como el umbral se concibieron entre otras cosas para impedir que incluso mayorías muy amplias, pero carentes de sentido de autocontrol, pudieran cambiar reglas de convivencia básicas.

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¿Qué decir sobre la dimensión estratégica? Debido a la existencia del umbral, la oposición tiene un fuerte incentivo para abstenerse. Pero al hacerlo correría un riesgo mayúsculo: quedarse muda, dejando al caudillo todo el terreno para desplegar su elocuencia. Peor aún, si se repite 2003 (triunfo amplísimo de Uribe, pero debajo del umbral) vamos para una catástrofe institucional.

Contrariamente a lo que se podría pensar, los grandes partidos de nuestro país tienen una rica tradición abstencionista; a veces terrible, a veces justificable. Como fuere, el asunto está sobre la mesa, y no se puede ignorar. ¿Será que la oposición se ha dado cuenta ya de que tiene que empezar a coordinarse alrededor de este y otros temas críticos?

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