Hay una bella ópera llamada Aída. La versión que ha dado el huerto sobreabonado de nuestra vida política es más bien un sainete. Sí, da risa. Sí, da rabia. Pero también revela problemas que no podremos ignorar fácilmente.

Vale la pena recapitular la nuda secuencia de hechos para entender por qué. Merlano fue elegida congresista. Sin embargo, la cogieron comprando votos. La condenaron. Perdió su investidura y fue a dar con sus huesos en la cárcel. Eso sí, no se le aplicó a su partido, el Conservador, la figura de la silla vacía —cosa que, en mi ignorancia jurídica, me parece inaudita—. A ella se le dio un trato...

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