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Avances y preguntas

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Francisco Gutiérrez Sanín
07 de agosto de 2015 - 03:44 a. m.
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El desescalamiento consensuado al que arribaron el Gobierno y las Farc está dando sus frutos. Ya las bombas y las muertes no pueblan las primeras páginas de los diarios. El foco de atención cambió de los horrores del presente a las posibilidades del futuro.

Cómo será la escasez de escándalos sobre el proceso de paz que los del Centro Democrático se emperraron en que el avión de la Policía accidentado en el Urabá antioqueño tenía que haber sido derribado por la guerrilla. El afán de usar cualquier pretexto —con enrevesadas teorías del complot y aun pasando por encima del respeto mínimo que merecen colombianos que murieron en cumplimiento de su deber— para golpear el proceso es transparente. ¿Cuántos buitres tiene esa agrupación? ¿Después de estas reacciones, con qué cara se quejan de que los tachen de guerreristas? Los canales privados de tv le dedicaron horas al tema del ataque...
 
Ahora la pregunta sencilla y fundamental es qué sigue. Creo que hay tres temas centrales. El primero es el de la dejación de armas. Tiene razón Humberto de la Calle cuando dice que este es un requisito para cualquier acuerdo viable y que valga la pena: una paz armada sería el peor desenlace posible.
 
El segundo es el de la seguridad física de los miembros de la guerrilla una vez se llegue a un acuerdo. Este es un punto absolutamente crucial. De la misma manera que amplios sectores sociales y políticos tienen experiencias negras, y por consiguiente grandes desconfianzas, con las Farc, sobre la mentalidad de estas gravita pesadamente la destrucción física de la Unión Patriótica. El Gobierno aquí ha enviado muy buenas señales: tanto el presidente como el nuevo ministro de Defensa han sido muy claros en establecer una orientación nacional que proteja a los excombatientes reintegrados. Pero todos sabemos que hay una distancia grande entre esta clase de orientaciones  y lo que puede ocurrir en los territorios. Por ejemplo, numerosas organizaciones agrarias territoriales han sufrido, y siguen sufriendo, distintas formas de violencia brutal, incluyendo la homicida (más ataques, amenazas, golpizas, intimidaciones). Pésimo precedente. No quiero dar por bueno el estigma de que esas organizaciones tienen alguna asociación con grupos armados. Pero: a) el hecho de que los líderes sociales sean víctimas de violencia sistemática es un desastre social, que tiene que ser considerado independientemente de que haya o no paz, y b) se me ocurre que, si se pacta un acuerdo, las Farc quisieran involucrarse en alguna modalidad de activismo social análogo.  Máxime si el primer punto de la agenda se compromete con transformaciones en el campo. Pues el requisito fundamental para que estas tengan alguna posibilidad de implementarse es que se provea seguridad de verdad a todos los colombianos que viven en el campo, y en particular a los más pobres y vulnerables, así como a sus personeros.
 
Valdría la pena, siguiendo las declaraciones hechas por Villegas y Santos, iniciar una ofensiva desde el ministerio del Interior y otras agencias para identificar problemas en la provisión de seguridad a las organizaciones sociales y construir una agenda para su superación. No creo, a propósito, que haya universidad que le niegue su apoyo a una iniciativa de estas. Nótese que el tema de la dejación y el de la seguridad están relacionados. El primero es un paso irreversible y muy serio; el segundo es fuente de dudas e inseguridades.
 
El tercer tema fundamental es el de justicia. Este tiene tanto de largo como de ancho, y tendré que dejarlo para otra ocasión. Por el momento tengo que decir que no me convencen los discursos de ninguna de las dos partes, y que para llegar a buen puerto habrá que afinarlos. Lo primero es simplemente no prometer cosas inverosímiles. Ya tendré ocasión de volver al tema.

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