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Centristas del mundo: ¿sobrevivid?

Francisco Gutiérrez Sanín

28 de mayo de 2009 - 08:48 p. m.

ESTOY LEJOS DE CONSIDERAR QUE EL centrismo sea una panacea, buena para todos los lugares y ocasiones.

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En la atormentada experiencia del siglo 20, ha habido gobiernos radicales, tanto de derecha como de izquierda, que lo han hecho bien, al menos en algunos terrenos. ¿Quién podrá negar los pasmosos éxitos económicos obtenidos por los dictadores de derecha coreanos o por los comunistas chinos? Para no hablar ya de los social-demócratas escandinavos, que con una fórmula política muy definida consiguieron adelantar, dentro de una democracia ejemplarmente abierta, una transformación en gran escala de sus sociedades.

Hechas estas reservas, hay que concederle al centro su encanto. Por definición, es inmune a las tentaciones autoritarias, que en cambio rondan en los extremos. Puede ayudar a evitar que los conflictos se polaricen abusivamente. Hay, también, historias de resonantes triunfos centristas. El Japón quizás sea la más notable. Ese país se transformó en una potencia de la mano de un partido liberal exasperantemente, fabulosamente, ambiguo y opaco, que tiene un aire de familia con el de aquí (al menos con el anterior a la década del 80). En varios países, como Colombia, los centristas dejaron una rica producción intelectual y experiencia de gobierno. En una sociedad tan traumatizada como la nuestra, el centro tal vez sea una condición indispensable de supervivencia y sensatez, en varios sentidos: como tradición, como punto de encuentro, como colchón, como fórmula de recambio en caso de que los extremos logren vetarse mutuamente.

El centro mundial acaba de pasar un largo período en el desierto. La agresividad de Bush, y las políticas de mercado puro y duro que caracterizaron los últimos años, lo desestabilizaron y en cambio premiaron a la política identitaria. Las opciones radicales eran reemplazadas por otras que lo eran más… En Palestina, Hamas arrinconó a la gente de Arafat, en Pakistán el gobierno está tenido con babas mientras los extremistas van ganando terreno, en Irak la invasión a la larga va a servir para sacar a una dictadura laica y poner en su lugar a una religiosa (es que la historia es el gran humorista). En India y Argelia… ¿Pero para qué irse tan lejos? Pues América Latina se convirtió en un gran cementerio de proyectos centristas. Muchos de ellos —incluidos algunos de los que trajeron la modernidad política a su país: los adecos venezolanos, el MNR boliviano— simplemente volaron por los aires.

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En Colombia, como en algunas otras partes, el centro sufrió, pero logró sobrevivir. De hecho, en Colombia hay ahora dos centros a falta de uno. Primero: los dos viejos partidos, rojo y azul (o al menos una pequeña fracción de éste), venerables pero desconectados críticamente del mundo urbano y de la modernidad. Segundo: los líderes antipolíticos, que aquí fueron moderados, y tienen grandes éxitos en su haber; pero que han sido incapaces hasta el momento de producir una empresa colectiva de largo aliento. Ahora las condiciones son mejores: llegaron Obama y las nuevas políticas económicas. Quizás los centristas del mundo estén por fin saliendo del desierto... ¿Será que los colombianos son capaces de coordinarse, y de encontrar un lenguaje para comunicarse entre ellos y con el país?

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