Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Ciclos, tendencias

Francisco Gutiérrez Sanín

18 de junio de 2009 - 08:05 p. m.

RECIENTEMENTE HA HABIDO VARIas elecciones que pueden tener repercusiones regionales o incluso globales.

PUBLICIDAD

Entre ellas se destacan las de India, Irán, y del Parlamento europeo. En esta última, hubo tres grandes noticias: el elevadísimo nivel de abstención, la caída en picada de la izquierda y el avance de la extrema derecha.

¿Por qué la gente no se entusiasma por el Euro-Parlamento? Un buen sector de la población no le ve utilidad y cree que constituye un lujo inútil. El marco nacional todavía es para muchos el escenario “natural” de la toma de decisiones y de la producción de políticas. La Unión, con todo lo imponente que es, se tomará su tiempo en echar raíces sociales profundas; eso ya había quedado de manifiesto durante el referendo por la Constitución. Más atención ha generado el terrible desempeño de buena parte de los grandes partidos de izquierda. Perdieron ampliamente en el poder y en la oposición, así que la debacle no se puede atribuir a la crisis económica. De aquella se han ofrecido dos clases de explicaciones. La primera tiene que ver con la naturaleza cíclica del juego político. A veces ganan unos, a veces otros, y esta vez le tocó el premio a la derecha.

La segunda enfatiza en factores de más largo plazo. Por ejemplo, Eric Hobsbawm (en The Guardian, si no me equivoco) aventuró la siguiente hipótesis. La izquierda europea, en sus dos vertientes, comunista y socialdemócrata, estaba construida sobre la movilización de la clase obrera. El cambio tecnológico de las últimas décadas produjo un terremoto social, uno de cuyos resultados más prominentes es el encogimiento del proletariado, que hoy en día no representa en los países desarrollados más que una pequeña fracción de la población. Como resultado, el proyecto obrero que, en todas sus variantes alimentó una impresionante saga de cerca de siglo y medio, ha llegado a su fin. Esta interpretación, con lo aguda que pueda ser, no tiene en cuenta la gran varianza regional del desempeño de las izquierdas europeas; entre los países escan dinavos y Alemania o Inglaterra, donde se produjo una catástrofe, hay grandes diferencias. Habrá que esperar a que se produzcan análisis más cuidadosos, con más tiempo y sustento cuantitativo (una de las muchas cosas agradables de los votos es que se pueden contar, en las dos acepciones del verbo: narrar y cuantificar).

Read more!

El crecimiento de la derecha extrema —que incluso llegó a Gran Bretaña, por lo general resistente a esta clase de epidemias— también ha tenido básicamente dos lecturas. Para algunos, no debe generar mayor preocupación, pues se trata de un fenómeno alimentado por el voto de protesta de desempleados y personas afectadas por la crisis. Para otros, es el síntoma del crecimiento del morbo del racismo y de mentalidades autoritarias. Una vez más, ciclos contra tendencias de largo plazo. Mi intuición es que, al menos tan preocupante como el del extremismo, es el fenómeno del deterioro del llamado “centro-derecha”, que en varios países (Italia, Polonia) expresa dinámicas racistas y antidemocráticas. La enseñanza es que nunca hay que tomar ningún progreso social por dado: la defensa exitosa de la democracia no es tarea de cicerones sino de sísifos.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.