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11 Feb 2022 - 5:30 a. m.

Cosas que se dicen por ahí

A principios de este año, Duque confesó en una entrevista que su principal defecto era ser “perfeccionista”. No sé la lectora, pero yo aún no he podido superar la frase. En contraste, en la reciente reencarnación de la revista Cambio —una excelente noticia para este país— María Fernanda Cabal definió al presidente como “un mamerto” y “un liberal de izquierda”, agregando, con su sutileza característica, que “a Uribe su gobierno le ha sabido a mierda”.

Aunque cada uno de estos dichos ameritaría al menos una columna por separado, sostendré en esta que los tres contienen algo importante y veraz, algo a lo que hay que prestar atención.

Comienzo con “mamerto”. Lo que molesta a Mafe y a su cuerda es que Duque no ha arramblado del todo con el Estado de derecho y dice a quien quiera oírlo que defiende la democracia y que está implementando la paz.

Ahora bien: el presidente sí ha deteriorado críticamente los pesos y contrapesos institucionales, disparado la corrupción, hecho favores a toda la gente de su partido —incluyendo a Mafe y compañía—. Y también hizo trizas el Acuerdo de Paz, hasta donde lo consideraba posible, pero de manera inequívoca y cada vez que pudo. Es claro que el país está ya recogiendo los frutos amargos de este saboteo permanente. La Corte Constitucional declaró el estado no constitucional de cosas con respecto de la seguridad de los exguerrilleros; tuvo razones contundentes para ello. Y debería hacerlo también con respecto de los puntos uno (reforma rural), dos (participación) y sobre todo cuatro (sustitución de cultivos ilícitos). Regiones enteras están incendiadas. Incluso gente a la que no le importa el Acuerdo, ni las consecuencias sociales, políticas y humanas de desmontarlo sistemáticamente, empieza a preocuparse por lo que sucede en términos de seguridad.

Mientras tanto, el ministro de Defensa busca bronca con quien se atraviese: quiere echarle gasolina al fuego. Si no ha logrado meternos en una guerra con alguien, es porque en el fondo nadie lo toma en serio. Salvo los colombianos, pero porque nos toca. Habría que crear un Molanódromo, para que pudiera decir y hacer sus barbaridades sin afectar a nadie.

¿En qué sentido es entonces Duque un “mamerto”? Es que Mafe cree que su doble juego les da oportunidades a sus adversarios, que los deja aún respirar y vivir, y que no debería hacerlo, pues las apuestas de estas elecciones son demasiado altas como para permitirse tales lujos.

Todo esto me lleva a la frase sobre el “perfeccionismo”. ¿Cómo puede el presidente de la incuria y el relajo, el jefe de los molano y las abudinen, describirse como persona que peca de “perfeccionista”? ¿Será pura inconsciencia? Hay algo de ello; de frívola, ínfima y desordenada mentalidad de autoayuda. Pero también hay algo más: precisamente lo que irrita a Mafe. Debido a los cambios en el Estado y en la base tecnológica sobre la que actuamos, gobernar se ha vuelto objetivamente difícil. Hoy, una de las funciones centrales de los Estados es coordinar las agendas de los auditorios internos con las de los externos. La coordinación entre ambos durante Duque ha consistido en presentarse hacia afuera como el campeón del liberalismo tropical y defensor de una paz severa y apegada a la ley, mientras hace lo posible en el país para destruir lo que pueda del Acuerdo de 2016. Pero esta operación de blanqueo es también objetivamente difícil. Es entendible, por lo tanto, que Duque sienta que es el gran timonel de una nave en medio de una procelosa tormenta. Se equivoca en lo del timonel. Pero acierta en lo de la tormenta.

Y por ello el “sabor a mierda” del uribismo con Duque. Todo esto se salió de las manos y el grupo dirigente actual está sintiendo que va a perder el poder, pero que mantenerlo es cuestión de vida o muerte.

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