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Crisis de abundancia

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Francisco Gutiérrez Sanín
12 de enero de 2012 - 11:00 p. m.
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Este año comienza con un ostensible exceso de temas interesantes: mal signo.

Propongo algunos ejemplos posibles de problemas para una primera columna, comenzando con el obvio: ¿cuántas rutas tenemos hacia el cumplimiento de la profecía maya? (una invasión a Irán que involucre una escaramuza nuclear; una mala digestión de Kim Jong-un, el tercero de la dinastía comunista en Corea del Norte; la toma de Pakistán por parte de islamistas militantes, indignados con el comportamiento errático de los Estados Unidos, que se dedica de manera simultánea a financiar masivamente y a irritar irreparablemente a la ciudadanía y al aparato militar de ese país; la desestabilización en alguna frágil pero armada hasta los dientes república postsoviética...). Si el lector no se toma muy en serio las mediáticas predicciones “mayas” —lo único que hay peor que ellas son los señores que, muy ceñudos y muy apersonados, se dedican a explicar, como quien habla de física cuántica, por qué no hay que creerlas—, entonces podría conmemorar los diez años de la siniestra cárcel de Guantánamo, uno de los gulags más estridentes de la democracia contemporánea. No hablemos ya de las nuevas formas de política que, al llegar al poder, imponen un programa en el mejor de los casos agnóstico con respecto de la democracia: es algo que empieza a proliferar alarmantemente, en todos los continentes y a todos los niveles de desarrollo, y que establece un hilo conductor que va desde Hungría hasta Uganda, pasando por las intermedias latinoamericanas. Lo que a su vez conduce a las extrañas, pero más bien deprimentes, primarias republicanas en Estados Unidos. No se confíen en la noción de un Obama ganador por defecto, en vista del despelote de sus contrincantes. El dato más duro y de más larga duración es la persistencia de un gigantesco electorado extremista de derecha en la nación más poderosa del orbe.

Quizás a usted le fastidie lo global y prefiera dedicarle su tiempo y su curiosidad a los municipios de nuestro atribulado país. “Lo pequeño es hermoso”. Pero entonces aquí la abundancia se convierte en una avalancha. El alcalde de Bogotá y sus funcionarios han puesto ya una gran cantidad de temas cruciales sobre el tapete: el desarme, el tren de cercanías, el tratamiento de las basuras, una nueva política hacia la Universidad Distrital, entre otros. En el del desarme, pese a las voces hostiles que quisieron descalificar el anuncio, Petro ya se salió con la suya. Tengo que decir que me parece un elemental, simple y trascendental avance. En un país que pese a los obvios progresos de los últimos lustros todavía chorrea sangre, el período de prueba que obtuvo el alcalde es tremendamente significativo. Peñalosa y los suyos, por su parte, ya se han lanzado a la oposición, planteando varios debates. Pero fuera de la capital también hace rato se pitó el inicio del partido. Diversos mandatarios locales han iniciado agresivos programas de actividades. Y no son, claro, los únicos que se mueven. El paro armado de la banda de ‘Los Urabeños’ mostró cuán lejos está Colombia de librarse de la presencia de ejércitos privados, y a la vez ilustró de manera patente, más que cien doctas especulaciones, la relación entre poder local, desigualdad agraria y la violencia en Colombia.

Se me acabó el espacio y todavía no he alcanzado a decir nada sobre la todavía más agitada agenda nacional, que a mí personalmente siempre es la que más me ha interesado. Sobre ella sí que hay tela para cortar. Toca coger impulso...

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