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¿Cuentas de Potemkin?

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Francisco Gutiérrez Sanín
04 de abril de 2014 - 04:00 a. m.
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Hizo bien el Dr. De la Calle al anunciar, tras el cierre del último ciclo de conversaciones en La Habana, la formación de una comisión de la verdad para poder orientarse al término de todo el proceso en los dolorosos laberintos de nuestro conflicto armado.

Esa es una vía: la correcta. La otra es la de Potemkin. Cuenta la leyenda que la reina de Rusia encargó a su favorito, Potemkin, mejorar el nivel de vida de los campesinos a lo largo del río Dnieper. Lo que hizo éste fue erigir una serie de pueblos falsos en cartón, con todas las dotaciones imaginables, y llevó a un paseo fluvial a la reina para que se maravillara con la nueva prosperidad que florecía bajo su mandato. Desde que se mirara el resultado de lejos, éste era fantástico, y la soberana se declaró completamente satisfecha.

Diversos indicios me sugieren que, en lo que respecta al proceso de restitución de tierras, el Gobierno, o al menos algunos de sus funcionarios, están sintiendo la tentación de irse por la vía de Potemkin. Como se sabe, diversos emprendimientos y formadores de opinión han manifestado preocupaciones fundadas con respecto a las enormes demoras en el proceso de restitución de tierras (para lo que creo fue la primera alarma, véase la página web del Observatorio de Restitución: http://www.observatoriodetierras.org). Este tiene aspectos positivos y constituyó un primer paso en la dirección correcta, pero adolece de problemas de diseño y seguramente también de ejecución (ver la columna de León Valencia al respecto, http://www.semana.com/opinion/articulo/leon-valencia-presidente-santos-salve-la-restitucion-de-tierras/381914-3).

Frente a esta realidad, el Gobierno hubiera podido simplemente resaltar que algunos críticos habían omitido los progresos obvios con respecto de los gobiernos de Uribe, recordar que todo esfuerzo inicial tiene límites y hacer los ajustes correspondientes.

Hasta ahora, eso no ha pasado. Los funcionarios relevantes se han limitado a declarar que todo está funcionando de maravilla. Inverosímil, pero relativamente inofensivo. Sin embargo, ahora parece estar cambiando la tonada. En conferencias, en reuniones, aparece la siguiente sugerencia oblicua: el problema no es que la restitución vaya despacio, es que hay muchas menos víctimas de lo que dice la gente. Puede ser sólo una impresión mía (prevenido que es uno), pero toca decir abiertamente que, de concretarse, este grotesco lavado de imagen —cuyo negacionismo explícito implica un alineamiento de facto con los victimarios de ayer y de hoy— significaría la rotunda deslegitimación del Gobierno frente a los auditorios relevantes: desde las víctimas hasta la comunidad internacional. Y mancharía irreparablemente el nombre de las agencias y personas que colaboraran con un gobierno que estuviera involucrado en una posición semejante. Quisiera creer que también desataría expresiones de indignación de muy diversos actores, comenzando por las organizaciones sociales del campo.

Llevo lustros triturando cifras y sé que todas ellas son problemáticas. Con respecto del desplazamiento/despojo tenemos toda una cantidad de vacíos y de dudas legítimas. Leyendo las mejores estimaciones que tenemos a la mano (por ejemplo las que han hecho Garay y su equipo para la Comisión de Seguimiento de la Corte Constitucional), y conociendo los diseños de política y los vacíos informacionales existentes, yo estaría inclinado a creer que estamos frente a una subestimación, no a una sobreestimación, del número de víctimas. Pero no es más que una opinión, sobre la base de los datos y las realidades a la mano. Si el Gobierno cree tener dudas fundadas sobre el asunto, tiene un camino claro y simple por recorrer: convocar a una comisión independiente y diversa para que haga una evaluación seria y creíble.

Por el contrario, lanzarse de cabeza a un tosco lavado de imagen manipulando las cifras llevaría al desastre. Para el Gobierno mismo, para los despojados, para todos nosotros. Mejor: para casi todos. Sería una fiesta para los victimarios.

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