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LA ALIANZA ENTRE MOCKUS Y FAJARdo es una excelente noticia (¡bien por ambos!), que renueva la competencia electoral y la esperanza de que haya una segunda vuelta, y de que ella no sea un monotemático duelo uribista.
Piense el lector cuánta experiencia de gobierno positiva reúnen los cuatro ex alcaldes (Mockus, Peñalosa, Garzón y Fajardo). Ellos promovieron una renovación en gran escala de sus respectivas ciudades, que es ejemplo en el mundo. Se trata de un patrimonio único, que también pasa por un salto cualitativo en materia de seguridad, con políticas que en términos tanto de eficacia con respecto de todos los indicadores posibles como de minimización de violaciones de derechos está muy, muy por encima de la cacareada “seguridad democrática” uribista. Ojalá la campaña de Mockus tenga la inteligencia de enfatizar en esto. Lástima que hayan regalado la plata de la reposición electoral, un gesto encantador pero ligero que sólo convencerá a los convencidos y que en cambio priva al candidato de recursos valiosísimos para empezar a enviar su mensaje a nuevos auditorios.
Con la alianza verde, quedan definidos más o menos tres campos. El uribista, compuesto por Santos, Vargas y Sanín. El de oposición, con los liberales y el Polo. Y Mockus. Por mucho, el primer campo es el más grande. Contando efectos de bola de nieve, etc., Mockus podría alcanzar un 20% de los votos, y la oposición entre 10 y 12%. Eso significaría que habría segunda vuelta sólo si Noemí no se desinfla del todo. Esta última, empero, está cada vez más deplorable. En términos humanitarios es posiblemente peor que Santos —¿se acuerdan de la figura trágica de Isabel Perón en Argentina?—, y en lugar de pensar al país se dedica a hiperventilar. Ese estado de permanente falsa emoción ha de restarle puntos. Claro que Vargas ha desarrollado una campaña de muy buena calidad, combinando reflexiones programáticas con temas de derecha dura que atraen a la base uribista, y podría quedarse con alguna porción de lo que pierda Sanín.
Como fuere, los uribistas tienen una seria restricción: tienen que competir entre sí para demostrar quién es, o va a ser, más brutal y agresivo. Eso vende, pero le deja espacio a otras voces. Pardo también debe sortear su propia trampa: el cansancio liberal con su ya insoportable ayuno de poder. Hay muchos parlamentarios liberales cuyo desempeño es notable, pero pocos que tengan vocación de faquir. Más aún, es difícil coordinar los temas de oposición con la tendencia pro uribista de una parte muy importante del electorado liberal. Ha hecho bien Pardo en insistir en la identidad roja, que es la única manera de aproximar la cuadratura de este círculo, pero no creo que le alcance. Petro a su vez está metido en una doble trampa. Quiso con gran lucidez correrse al centro, pero no ganó votantes allí y en cambio perdió algunos de los radicales. Le faltó tiempo y margen de maniobra para completar bien su operación, y se quedó sin el pan y sin el queso. Más aún, su potencial aliado eran los verdes, como de hecho lo dijo varias veces, pero son a la vez su más brutal competidor por el voto bogotano.
Mockus por el momento no tiene trampas sino un gran reto. Tiene que demostrar que sabe hablarle no sólo a Bogotá sino al país. A todo. Rápido.
