El primero de los dichosos tres días sin IVA dio para todo. Ríos de gente en centros comerciales y almacenes. Duras críticas al Gobierno. La respuesta del presidente a esas críticas, oblicua y pandita, pidiendo que no le hagan “debates anacrónicos”. Y una masiva, generalizada reprobación a la chusma: a las “hordas”. Esa es la expresión horrorizada de Duque, quien calla cuando le hablan de cosas realmente terribles, pero muere de angustia al ver esa masa desconsiderada de gente aprovechando el recreo que él mismo les concedió. Por una vez en la vida, empero, Duque no está sólo: desde todos los lugares del espectro político e intelectual llovieron las censuras a la falta de cultura ciudadana de los colombianos y a su comportamiento desordenado y rapaz. Una y otra vez los noticieros nos regalaron las imágenes de supuestos idiotas que arriesgaban sus vidas por un televisor de 70 pulgadas, que se convirtió en una suerte de símbolo de lo que está mal en Colombia.
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Para entender los problemas de esta forma de mirar las cosas, vale la pena comenzar por el puro principio. Claro que hay que cuidarse y protegerse, y que los mandatarios locales hacen bien en enfatizar esto. Salir a las calles a rumbear y a “pendejear” —como dice el alcalde de Cartagena— está mal. Pero: ¿sabemos si los colombianos se han portado de manera más indisciplinada que el resto del mundo en esta crisis? La respuesta simple es: no. La poca evidencia que tenemos sugiere que su conducta de hecho ha sido bastante mejor que la de ciudadanos de otros países, incluyendo algunos (notablemente Estados Unidos) cuyo ingreso per cápita es cerca de diez veces mayor que el nuestro. Así que es mejor no hacerse cruces.
Sigamos con el dichoso televisor de 70 pulgadas. ¿Suntuario e innecesario? No es tan claro para mí. Como suele suceder en ciencias y políticas sociales, aquí los casos extremos son fáciles de clasificar, pero los casos intermedios no tanto. ¿Son necesarios la comida y el sueño? Definitivamente sí. ¿Es necesario tener un auto Ferrari último modelo? Definitivamente no. Ahora piensen en el sexo. No: no estoy haciendo una broma de mal gusto. Esta pandemia ha roto formas muy fundamentales de sociabilidad. Millones de personas, comenzando por los jóvenes, tendrían que salir, que desplazarse… ¿Necesario o no? Para tener política social hay que hablar de estas cosas. No son “tragedias familiares” que sea necesario pasar en silencio. ¿Y qué opinan de salir a la calle? Para personas acomodadas no poderlo hacer puede resultar ya durísimo. Cuando no tienes muchos metros cuadrados de vivienda, la cosa pesará más.
Si uno empieza a hacerse esas preguntas, llega fácilmente a la comprensión de que tener un buen televisor tal vez no sea necesario como lo es la comida, pero sí es un apoyo válido para usar el tiempo libre en una situación de aislamiento abrupto y prolongado.
Así que mejor no mirar a la gente por encima del hombro sino preguntarse cuáles son las razones detrás de sus palabras y actos. Aquí, naturalmente, entra un problema de responsabilidad política; sería tremendo que el marbete de cultura ciudadana se convirtiera en una coartada que excusara a los gobernantes de sus embarradas y omisiones. Estos, los gobernantes, ponen los incentivos y las políticas. Y están obligados a entender y a prever al menos algunas respuestas básicas de sus gobernados. El problema no fue la insensatez de las “hordas”, sino presentar el día sin IVA como la gran política social, y después lanzarlo de manera inoportuna e improvisada. Respondería Duque (habla todos los días en televisión: véanlo para saber quiénes y cómo nos gobiernan) que planteo un debate “ideológico” y “anacrónico”. Lo que sugiere que nuestro presidente está realmente viviendo “en un mundo diferente”, como dice el famoso y bello bolero. Pero esto ya es tema para otra columna.