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Dificultades, pero...

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Francisco Gutiérrez Sanín
09 de enero de 2014 - 09:52 p. m.
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Este año estará atravesado por un montón de problemas difíciles, que tendrán que ser tratados en medio de una serie de duras y polarizadas campañas electorales.

Pero hay al menos tres noticias razonablemente buenas frente a este panorama.

Primero, los temas realmente estratégicos para el país pasan —como es inevitable— por el eje izquierda-derecha, pero no están sobredeterminados por él. La paz, amplias transformaciones redistributivas en el campo y el aumento de la capacidad regulatoria del Estado (críticamente: su capacidad de cobrar más impuestos de manera progresiva para invertirlos en políticas sociales) no pertenecen a un solo lugar del espectro político. En todo el mundo, estas reformas han sido logradas e implementadas por las más diversas coaliciones, incluyendo algunas que al menos en principio resultaban bastante convencionales. No es necesario esperar, pues, a una renovación milagrosa para pensarlas y presionar a favor de ellas.

Esto me lleva al segundo punto. Pese a la enorme oleada de corrupción que ha asolado al país en los últimos lustros, sigue habiendo nombres valiosos en casi todas las agrupaciones significativas que competirán. Los colombianos nos podemos quejar de muchas cosas, pero no de falta de alternativas. Los conservadores tienen a un David Barguil. ¿Quién negará que Carlos Baena del MIRA ha sido un buen parlamentario? Los liberales cuentan con Guillermo Rivera. El Polo Democrático con Iván Cepeda. Son sólo algunos ejemplos entre muchos posibles. Entran figuras nuevas de primera línea. No estoy hablando de pesos pesados de la política colombiana que deciden regresar al Congreso, como Serpa o Uribe, sino de potenciales primíparos (si ganan), como Claudia López, cuyo papel de control político podría resultar estelar. Lamento, eso sí, que algunos personajes ya consolidados hayan decidido abstenerse de entrar en la liza. El desempeño de Cristo, por ejemplo, fue plausible. La salida de Sudarsky, quien dio un ejemplo de inteligencia y tranquila integridad en su excesivamente corta estadía en el Congreso, es una pérdida cierta. Hubiera sido bueno también ver a la lista propaz de Mockus en acción.

Lo cual enlaza con la tercera noticia buena: la paz está en curso. Ha logrado superar numerosos escollos y momentos difíciles. Las dos partes que negocian el acuerdo en La Habana decidieron no suspender las conversaciones durante el período electoral, una excelente decisión si las hay. Y las posibilidades de lograr el acuerdo siguen ahí, a la mano. Es claro que falta mucho, y que incluso en términos de lenguaje los interlocutores a veces no dan muestras aún de imaginar con claridad una Colombia sin guerra. Pero ya hay bastante construido. Y a medida que pasa el tiempo se van oyendo nuevas voces, y nuevas inflexiones, a favor de la paz. Basta con escuchar las interesantes declaraciones del general retirado Freddy Padilla, ahora en la lista del Partido de la U, para convencerse de ello.

No top ten. A partir de ahora, en esta columna, y siguiendo el ejemplo de una simpática sección del noticiero de ESPN, mensual o bimensualmente destacaré el error más inverosímil cometido por un político colombiano en el período. Al final de 2014 haré una selección de los cinco mejores y otorgaré premios a los tres primeros. El de enero lo gana de lejos el senador Juan Carlos Vélez, con sus trinos acerca de la legalización de la marihuana en Colorado. Primero citó triunfalmente, como un hecho cierto, una broma publicada en la red según la cual la legalización había dado origen a desórdenes que redundaron en el deceso de más de diez personas, y después lamentó que no se hubieran producido los muertos. ¿Por qué los que hacen de la lucha contra cualquier cosa que no sea el viejo curso de acción punitivo hablan y actúan invariablemente como si estuvieran bajo el efecto de cuatro o cinco porros?

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