Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

¿Durmiendo con el enemigo?

Francisco Gutiérrez Sanín

01 de julio de 2010 - 09:12 p. m.

CUENTAN DIVERSOS MEDIOS DE COmunicación que el presidente electo, Juan Manuel Santos, está entusiasmado con un libro sobre Lincoln escrito por una académica norteamericana (Doris Kearns). La autora muestra cómo pudo Lincoln construir un fuerte equipo de trabajo con personas que el día anterior habían sido sus adversarios, y que además lo despreciaban.

PUBLICIDAD

Si el chisme es cierto, algo de tal lectura se ha reflejado en la más bien vaga propuesta de “unidad nacional” y, sobre todo, en algunos gestos concretos hacia las fuerzas que se opusieron tanto a su propia candidatura como a su mentor, Uribe. El interés de Santos en conversar con sus críticos establece ya un contraste con  el estilo pendenciero, de matón de barrio, del actual presidente. No creo que valga la pena especular ahora sobre qué tan sincera es la intención de Santos de desinflar en serio la polarización o de crear un “equipo de rivales”, según la fórmula de Kearns.  En política es tan dañoso hacer cuentas alegres como cerrar irresponsablemente puertas. Ya muy pronto sabremos cómo gobierna Santos.

 Más bien, el punto que quiero subrayar es que haríamos bien en tomar como referente no sólo la experiencia de Lincoln para lidiar con los contrarios, sino la colombiana. Pues lo que en países como Estados Unidos e Inglaterra es básicamente una extravagancia, una originalidad digamos, en Colombia ha sido una práctica bastante común. En contravía de las lecturas apopléticas de nuestra historia –al tenor del siempre popular materialismo histérico— estas experiencias no se deberían descalificar en conjunto como un fracaso total o como una sórdida conspiración. Ha habido en el país básicamente tres grandes modelos de incorporación al gobierno del enemigo de ayer. El primero son los gabinetes compartidos (verbigracia, buena parte de la Hegemonía conservadora después de 1910 y la administración de Olaya). El segundo son los gabinetes compartidos con competencia severamente acotada y exclusión de algunos actores (el Frente Nacional). El tercero es gobernar en solitario, pero corriéndose al centro y tratando de dar garantías en temas claves a la oposición (eso es precisamente lo que hizo Eduardo Santos con su “convivencia nacional”). Cada una de estas modalidades de gobierno tuvo sus sub-variantes, sus costos y sus beneficios. Cada una de ellas ofrece a Juan Manuel un prototipo mucho más cercano a su realidad que lo que pueda encontrar en el libro de la Kearns. Al fin y al cabo, en punto a gobierno con rivales lo de Lincoln constituye un excurso de aficionado frente a lo que se ha hecho aquí (sus adversarios pertenecían a su propio partido).

Read more!

 ¿Por cuál modelo se decantará este Santos que nos tocó en suerte?  No veo a algún miembro de la izquierda entrando a su gabinete. Los liberales seguramente lo harán (¿no hay un aire de familia entre la coalición de gobierno actual y el turbo-lopismo de la década de los 80?), pero con reservas y bloqueos por parte del furibismo. Paradójicamente, el mayor problema de Santos reside en su exceso de fortaleza. Lo aplastante de su victoria electoral hace inviable cualquier modalidad genuina de gobierno compartido. En estas condiciones, el valor de sus propuestas de unidad y de des-polarización debería juzgarse básicamente en términos de su capacidad de dar garantías institucionales.

Read more!
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.