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AL PAÍS LE ESTÁ SALIENDO CARÍSIMO el embeleco del caudillismo, a juzgar por sucesivos reportes de la revista Cambio (complementados por Daniel Coronell) sobre el programa Agro Ingreso Seguro. La interpretación que parece predominar en las alturas es que el apoyo sostenido es una especie de cheque en blanco, que autoriza a todos a hacer fiestas.
Agro Ingreso Seguro es sólo un ejemplo de la gran oleada de fango e ineficiencia que nos va cubriendo. Felipe Arias, quien por un momento ha abandonado su principal tema —expresar admiración adolescente por su gallardo caudillo, y acusar con aniñado mohín a los que alguna vez lo contradijeron—, ha respondido a las denuncias con una columna en la que acumula cifras que no responden en lo más mínimo al problema planteado por aquellas. Aquí vale la pena hacer dos observaciones. La primera es que los datos agregados sirven para muchas cosas, pero no para evaluar eventos concretos. Si yo soy un maltratador que golpea a su mujer con regularidad, digamos una vez cada dos meses, y alguien me critica públicamente, mi defensa “estadística” —no se indignen, yo me porto bien más del 98% de los días— no merecerá más que desprecio. Lo mismo se debe decir de la disculpa del funcionario que jura que el 99% de los subsidios fueron transparentes como si tuvieran “paredes de cristal”.
¡Qué grotesco suena este candoroso cuento de la casita de cristal —más aún cuando aparece junto a rimbombantes referencias a Borges y Gide— frente a los hechos relatados por los periodistas! Este kitsch espléndido se combina con la confusión pura. Arias dice que en Francia “el 1 por ciento de los más grandes recibe más recursos que el 40 por ciento de los más pequeños”. Esto no es serio (pero ahí el que está en falta soy yo, cómo pedir peras…). ¿Qué quiere decir esta frase? ¿Más recursos de qué? ¿Quiénes son los grandes y los pequeños? ¿Conoce Arias cómo se comparan la distribución de la propiedad en Francia y en Colombia? Para no hablar ya de que uno de los objetivos explícitos de Agro Ingreso Seguro era promover la equidad en el campo.
Pero además de esto —he aquí la segunda observación— lo que muestra Cambio es un caso típico de “capitalismo político”: escogencia de ganadores no vía mercado, o vía alguna norma administrativa universal, sino por la concesión de favores a través de un no tan intrincado sistema de roscas, coimas y prebendas. A propósito, por eso es que el proyecto de Uribe no es, ni puede ser, desarrollista. Son estos métodos los que garantizan la persistencia de economías y estructuras altamente ineficientes —y, en nuestro caso, profundamente criminalizadas. Como fuere, a las denuncias de los periodistas no debe responderse con generalidades para críos acerca de cómo funciona de bien la casita de cristal, sino con una explicación sobre los hechos concretos (o con el respectivo mentís).
Así que lo que sabemos por el momento es lo siguiente. El programa financió a un club de amiguitos del Gobierno, que ya eran muy ricos pero querían más para sus “programas de riego”. ¿De dónde salió la plata? De su bolsillo, amable lector. Siga votando por estas gentes, así tendremos en los años por venir reinas de belleza mejor hidratadas.
