Un asiduo tuitero se preguntó los otros días más o menos lo siguiente: “¿Puede un imbécil como el personaje X decir la verdad?”. La pregunta es de hecho interesante, pero su contestación no es tan obvia como parecía creerlo este usuario de las redes.
En muchas culturas, el loco o tonto sabio y quizás profético ha sido una figura apreciable. Rusia es un buen ejemplo de ello; no por casualidad Dostoievski escribió la novela que le da su título a esta columna. El acceso a otras formas de conocimiento se asociaba a la pérdida de la consciencia (eso era lo que daba poderes a las brujas, médiums, etc.). Algo de todo esto hace parte...
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