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Historia doble de Fals Borda

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Francisco Gutiérrez Sanín
15 de agosto de 2008 - 01:54 a. m.
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TUVE LA FORTUNA DE SER COLEGA de Orlando Fals Borda. Aunque cuando lo conocí ya tenía una edad bastante avanzada, no creo haberme topado con alguien tan tremendamente vital.

Parecía haber descubierto el elíxir de la eterna juventud. Por eso su deceso impresiona. Sólo después de la muerte de su esposa, también destacada socióloga y educadora, de pronto empezó a salirle el cansancio acumulado.

Fals fue un académico pero también una figura pública. Participó en la Asamblea Nacional Constituyente y en numerosos proyectos de cambio social. Siempre respondió a sus obsesiones y motivaciones profundas (reorganización territorial del país, movilización social, etc.). Así que tiene también su “Historia Doble”, como esa Costa a la que tanto quiso y a la que historió con tanto entusiasmo.

Su gran legado es, obviamente, su producción intelectual. Pocos han subrayado que por mucho Orlando Fals es el analista social colombiano  que ha tenido más repercusión internacional –con plena justicia–. Hay círculos de estudio de su pensamiento en Europa y Estados Unidos. La metodología que concibió, la Investigación Acción Participativa, tiene miles de seguidores en todo el mundo y ha sido adoptada por numerosas entidades (entre otras, oh paradoja, por ese mismo mainstream que tanto criticó).  Su influencia se desparramó más allá de su propia área de producción. Hace unos años me pidió comentarios a un discurso que estaba preparando para presentar ante un congreso de matemáticos, suecos creo, que querían saber qué pensaba sobre la creatividad.  No pude aportarle nada. Era un texto redondo, simple y brillante.

La creatividad era, en efecto, lo suyo, y eso explica en buena parte el impacto de su obra. Para hacer buenas ciencias sociales se necesitan muchas cosas: sentido de la composición, conocimiento de detalle del problema, capacidad de análisis y claridad mental, poder de innovación. Entre nuestros analistas a uno se le ocurren de inmediato autores que alcanzan cotas muy altas en alguno de esos terrenos cruciales.  Sin embargo, nuestro gran innovador, el creador de cosas nuevas por excelencia, fue Fals.  Deja muchas cosas bastando tangibles.  Aquí sólo puedo dar algunos ejemplos. Primero, fue uno de los institucionalizadores de las ciencias sociales en Colombia, en al menos dos sentidos: la creación de la facultad en la Universidad Nacional, y su co-autoría de ese libro fundacional sobre la Violencia en Colombia (sí, nuestras ciencias sociales aparecen en su forma moderna pensando la violencia, algo que merecería una reflexión aparte). Segundo, dejó otros estudios empíricos de gran valor (en el terreno de la sociología agraria, y su famosa “Historia doble”). Tercero, adelantó todo un trabajo metodológico de enorme interés, que anticipó por años lo que después redescubrirían, además casi siempre peor dicho, ciertas tendencias intelectuales en el mundo desarrollado.

Como suele suceder, Colombia fue más bien injusta con este hombre talentoso y puro. Obviamente, se ganó su carcelazo en un período en que las autoridades estaban convencidas de que las neuronas eran un arma terrorista. Pero desde otros lados también lo estigmatizaron, a veces brutalmente. A mi siempre me dio la impresión de que Fals era un tipo con pocas autodefensas –la negación del espíritu de la autodefensa, si se me permite–. He conocido a tantos tontos y mediocres pomposos a lo largo de mi vida, que siempre me asombró un poco la vulnerabilidad y simplicidad de este gigante. También ahí dejó un legado vital.

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