¿Estarían ustedes de acuerdo con la afirmación de que no es el perro, sino el silencio, el mejor amigo del hombre? Van algunos ejemplos a favor de la proposición.
Revolución bolivariana: ¿fallida? Dice Juan Manuel Santos que quien atenta contra la revolución bolivariana no es Colombia sino ella (la revolución) misma. Hubiera aplaudido la afirmación de provenir, digamos, de un columnista. Pero hay un pequeño detalle: Santos es el presidente de la república de Colombia. Y no es su función calificar o no los resultados de las trayectorias escogidas por otros países. Si mi memoria no me engaña, Santos ha hablado por lo menos 20 veces contra la diplomacia del micrófono, siempre con razón. Ahora la utiliza. Mala memoria, mala política. En la situación actual, las declaraciones en caliente solamente debilitan la posición del país. Ya se han tomado varias medidas positivas, y hay procesos de mediación en curso. Es hora de la sobriedad, de poner en acción aquellos mecanismos, y de trabajarles a las soluciones de largo plazo.
Contratos, contratos... Seguí con un poco de fastidio las controversias acerca de las supuestamente fabulosas contrataciones de la colega Natalia Springer (a quien no conozco) con la Fiscalía. No entendía por qué se argumentaba que sus servicios estaban sobrevalorados. Si en efecto hacía su trabajo bien, sus resultados podrían resultar utilísimos. De hecho, consideré que se trataba de un no-debate hasta que llegó al Congreso de la República (el Centro Democrático pondrá a Montealegre en la picota por los dichosos contratos). Entonces, por simple desviación profesional, me interesé en la cosa. Y, ¡ay!, leí varias declaraciones de la propia Springer.
En lugar de aclararme las cosas, me confundieron. Me explico. Uno de los grandes problemas del mundo interconectado es que las áreas de conocimiento realmente atractivas se inundan rápidamente de charlatanes. ¿Se acuerdan?: teoría del caos, complejidad, redes neuronales. Áreas ricas en la doble acepción del término y pobladas de sabios, pero rodeadas de una sobrecogedora periferia de pajudos. Naturalmente, para el lego es difícil distinguir los unos de los otros. Un criterio un poco mecánico pero que rara vez falla es que los primeros (los sabios) se apresuran a mostrar los límites y problemas de sus resultados; los segundos nunca lo hacen. Además, para mi desgracia, en este tema yo no partía de cero, y apenas leí las declaraciones que le atribuían a Springer una alarma se prendió en mi cabeza. Quedé absorto. Pero todas estas cosas tienen una solución sencilla. Como en cualquier actividad científico/académica, sus resultados se pueden mandar a evaluación por pares. Esto ayudaría mucho. Los congresistas no entienden, y no tienen por qué entender, de lo que está hablando Springer. Colciencias u otras agencias (o universidades) con la experiencia y la capacidad podrían coordinar un proceso de evaluación riguroso y equilibrado. En lugar de darle al fiscal con —literalmente— palos de ciego, ¿por qué no acudir a la comunidad científica para que emita una primera valoración sobre el asunto?
Ahora va un contraejemplo. En la espantosa tragedia de los migrantes que tiene como escenario a Europa, el peor receptor de todos ha sido Hungría. Pues bien: una periodista de ese país (ya salió a la luz que tiene conexiones con un partido de la extrema derecha) puso zancadilla a un migrante, lo que valió que la estación para la que trabajaba inmediatamente la declarara cesante. La tipa ha guardado un silencio que clama al cielo: ni ha explicado su acto, ni se ha excusado por él. En este caso, la peor reacción es el mutismo.
¿Y entonces? En las democracias modernas, y con la actual base tecnológica, más o menos todo el mundo tiene que dar explicaciones. La calidad de ellas, o de los silencios, va a terminar resultando tan reveladora como los actos mismos.