Y se murió Milan Kundera. Leerlo fue uno de mis vicios. Además, sentí gran simpatía por el personaje: una suerte de ícono de la incorrección política en todas las direcciones, insatisfecho siempre con todo y con todos. Crítico salvaje del socialismo real, en el que se formó, y del mundo occidental, hacia donde migró.
Hoy, dos trinos energúmenos, o simplemente no cosechar la cantidad suficiente de likes, desaniman al comentarista más valiente. Hay excepciones, pero poquísimas. Kundera cultivó no solo el arte de la narrativa, sino el de ir en contravía. No me tomo esto a mal. Por el contrario, me encanta: incluso, o sobre...
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