EL EXCELENTE —E IMPRESIONANte— portal verdadabierta.com de la revista Semana acaba de publicar la transcripción de la conversación que tuvo lugar en 2002 entre el por entonces comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, y los comandantes paramilitares, en la que se pactó el cese de hostilidades. Es un documento muy importante para la comprensión de las dinámicas de los últimos ocho años, cuya lectura recomiendo enfáticamente.
De las muchas cosas que vale destacar de él, está la siguiente frase con la que abre su intervención Restrepo: “Por primera vez hay en Colombia un presidente decidido de manera clara a recuperar la institucionalidad, recuperar la seguridad y avanzar en un modelo de gobierno, en un modelo de Estado que asegure de manera plena la vigencia de los derechos y el disfrute de los derechos de todos los ciudadanos”. Bueno, déjenme confesar que esta es la declaración más subversiva que he leído en los últimos años. Raúl Reyes era un notario en uniforme, Jojoy es un raspachín. Restrepo sí que sabe cómo se deslegitima un régimen político.
El programa de refundación de la República no apareció en la mente calenturienta de líderes regionales enredados con asociaciones criminales. Estaba en el corazón de la propuesta de este gobierno. Como en otros países andinos —y latinoamericanos— el pasado se caracterizó como una sucesión continua de fracasos, en este caso concreto en la provisión de la seguridad. Nueva expresión de la “fracasomanía latinoamericana” —según la expresión de Hirschman—, que aparece ahora en el otro extremo del espectro político y mucho más destilada. Pero es necesario decir que hay una conexión orgánica entre las varias fracasomanías. Buena parte de la batería argumental de esta propuesta de refundación toma sus motivos, su lenguaje, sus tics retóricos, de la negación en bloque del pasado que cierta izquierda hizo suya (sugiero, como reafirmación de esta proposición, la lectura del libro de Aldo Civico sobre Doble Cero). No se extrañen por tanto de la sobrerrepresentación de leninistas invertidos entre los ideólogos del uribismo…
La celebración del Bicentenario, y de los cien años de la reforma constitucional de 1910, y de los ochenta del inicio de la república liberal, constituyen un excelente pretexto para iniciar una pedagogía de la continuidad. Colombia no fue creada ayer. Uribe sin duda ocupa ya un lugar en su historia por derecho propio, para bien (por mucho el presidente con más alta y prolongada popularidad que ha habido) y para mal (creo que su gobierno fue un desastre para el Estado, para la democracia y para los sectores más vulnerables de la sociedad). Pero no fue el primer presidente en querer asegurarles sus derechos a todos los colombianos. Esta es simplemente una mentira flagrante, que a renglón seguido usa el propio Restrepo para justificar una de las violencias genocidas más aterradoras que hemos sufrido. En muchos períodos Colombia vivió ampliaciones significativas de los derechos, y si un alto funcionario público puede negarlo de plano enfrente de una asamblea de matones sin inmutarse —ni sonrojarse, me imagino— es también en parte porque no hemos sabido cuidar ni estudiar bien este patrimonio.