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¿Locura?

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Francisco Gutiérrez Sanín
02 de mayo de 2025 - 05:02 a. m.
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¿Se enloqueció Trump? Al cabo de los 100 días de su gobierno, tanto su país como el mundo están en llamas. Guerra arancelaria, propuesta de anexión de Canadá como el estado 51 de la Unión Americana, la sórdida idea de convertir a Gaza, a estas alturas ya un camposanto, en una Riviera del Oriente Medio, la fractura de estado de derecho para adelantar la racista campaña contra la inmigración, el realineamiento en Ucrania, la destrucción con motosierra del aparato estatal y del sistema de salud, el ataque contra las grandes universidades… entre otras muchas cosas. Con costos económicos y políticos crecientes. Diversas encuestas muestran cómo la confianza en su propuesta y el apoyo a su figura han caído en picada. Algo de lo que han comenzado a darse cuenta incluso los líderes del Partido Demócrata. La respuesta reciente de Trump a la desazón global fue: “todavía no han visto nada”. Y creo que tiene razón.

¿Y entonces? ¿Sí perdió la cabeza? Sí y no. Por su naturaleza y trayectoria, el personaje y su entorno inmediato son proclives a movimientos erráticos y declaraciones extravagantes (sobre todo si tienen un contenido violento y torvo). Creen, acaso acertadamente, que con eso cultivan a su base social y le dan una identidad y un conjunto de propósitos, movilizables cuando sea menester. En eso no se diferencian mucho de nuestro propio partido de la motosierra. Sólo que Trump y los suyos juegan en un estadio global.

Pero, acá y acullá, “hay método en la locura”. Tomen la cuestión arancelaria. Aunque costosa, tiene tres dimensiones que casan bien con la estrategia trumpista. La primera es contrarrestar la diáspora de las industrias estadounidenses, que se establecieron en otras partes del mundo, buscando mano de obra barata e impuestos bajos. Después, y de manera fundamental, proporcionar a los Estados Unidos un gran garrote para golpear a sus enemigos, comenzando por China (pero no limitándose a ella). A propósito: la corriente principal de líderes del Partido Demócrata comparte con Trump la compulsiva necesidad de tener un enemigo, sólo que afirma que la estrategia del actual presidente es equivocada; habría mejores maneras de hacer la tarea.

Y tercero, garantizarse algunos ingresos. Así de sencillo. Pese a toda la destrucción del aparato estatal, que contra toda una cierta demagogia que ya parece haber adquirido carta de ciudadanía, es tremendamente traumática para la población (imagínense: estamos hablando de provisión de servicios de educación, salud, seguridad aérea, etc.), aquel tiene que seguir funcionando. Y Estados Unidos adolece de un enorme déficit, con el agravante de que el espectro de la desdolarización –con todo y la mejora de las relaciones con Putin– no ha desaparecido. En el centro de la propuesta de Trump hay un nuevo recorte radical de impuestos para los billonarios. Eso seguramente pasará. Y entonces: ¿de dónde sacará la plata para pagarles a los funcionarios que queden, para cubrir los mega-contratos militares, para amenazar y mantener el estatus imperial? Los aranceles pueden ayudar.

Es claro que la ofensiva arancelaria se hizo en medio del desorden; como ya dije, tener cierto tipo de personal en el poder tiene implicaciones. Las derivas anticientíficas (Trump y buena parte de los republicanos son negacionistas del cambio climático; muchos de estos también rechazan la teoría de la evolución) y antiburocrática, que van de la mano, tampoco son gratuitas. Pero el contenido de las decisiones no puede desestimarse como una simple extravagancia. Algo análogo puede decirse de la idea de absorber a Canadá. Generó costos altos, y resucitó a los liberales, a quienes había prácticamente sepultado Justin Trudeau, el típico paquete globalista. Pero se puede mostrar fácilmente que el hambre de expansión territorial, directa y no por interpuesta persona, es tangible y corresponde a dinámicas que no se evaporarán como por arte de magia.

Lo ideal sería que llegáramos a este entorno global envenenado, de altísima incertidumbre, con paz interna y una visión estratégica…

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Sigi(77234)03 de mayo de 2025 - 01:29 a. m.
La posiciòn de Trump es un indicador del terror que le causa al capitalismo reconocer su decadencia irreversible por eso apelan a salidas fascistas como ocurriò en su momento cuando hace un siglo se consolidaron las poderosas ideologias totalitarias: Falangismo, nazismo y fascismo que tenian en comùn el corporativismo, la negaciòn de las libertades y la defensa a uiltranza del capital. La historia se repite como afirmò Marx como tragedia.
Bernardo Congote(31155)03 de mayo de 2025 - 01:14 a. m.
El entorno global envenenado no lo estaría peor que cuando cayó el Imperio Romano...
  • leunamuno(9808)03 de mayo de 2025 - 12:21 p. m.
    Bernardo Congote: Yo pensaría que sí está más envenenado que en aquella época, en primer lugar, por la alta movilidad de las comunicaciones y, paralelas a esta causa tenemos el adelanto de la ciencia, que está permitiendo un pensamiento que ni el mismo Platón pudo alcanzar, además de que el entorno ambiental nos cogió por la cintura, que es como se coge a los micos. O sea que discrepo totalmente de su punto de vista, pero le agradezco la oportunidad de expresarme. Cordial saludo.
micelium(68260)03 de mayo de 2025 - 12:48 a. m.
A las personas que, como yo, que han tenido que vivir con un personaje con una personalidad similar a la de Trump no nos resulta tan difícil entender su comportamiento. Personajes como Trump son egoístas, avaros, narcisistas, tramposos, carentes de empatía, expertos en todo, siempre tienen la razón, nunca pierden, la culpa siempre es de otros, no saben decir gracias, los pobres lo son porque son o perezosos o brutos o porque no quieren triunfar, los que no pensamos como ellos somos brutos...
leunamuno(9808)03 de mayo de 2025 - 12:03 a. m.
No hay nada raro en el proceder de Trump, la democracia fue verbo, demagogia o simplemente populismo, que es lo mismo que corrección política implementada para fines muy concretos al interior de E.U, pero con fines torvos y oscuros para el exterior de la unión. No quererlo ver es vergüenza de aceptarlo, pero, ese es otro cuento. El cuento de hoy es que el capitalismo está en la cuerda floja, motivo que exige templar todos los cabos, no importa la alarma que en la gradería se genere, porque ...
Mario Giraldo(196)02 de mayo de 2025 - 10:44 p. m.
Dos estrategias para cerrar un deficit de trillones: 1 Aumentar los ingresos al aumentar los impuestos a las importaciones, algo que debiera hacer Colombia en especial con bienes suntuarios, y 2 disminuir el gasto al recortar el personal, algo que en Colombia ya se hizo con la ley de contratación de los 90s y de lo cual aun no nos recuperamos. En Colombia el deficit es mínimo (6.7%) y la inflacion del 4%, hora de invertir y bajar las tasas de interés al 6% o menos!
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