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Los ricos también lloran

Francisco Gutiérrez Sanín

02 de marzo de 2023 - 09:05 p. m.

Se van acumulando en el mundo materiales explosivos. Son a la vez síntomas y catalizadores de fenómenos complejos y emponzoñados.

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Uno de ellos es el carácter abierta y ferozmente político que ha adoptado la competencia entre los gigantes tecnológicos y de los medios. Se podrá contraargumentar, de manera muy razonable, que los mercados, sobre todo cuando grandes apuestas están en juego, siempre han tenido esa dimensión política. Y también social: eso es lo que quería decir la expresión “demasiado grande para quebrar”, al referirse al salvamento de algún conglomerado durante una crisis financiera. La operación fue criticada como socialismo (o al menos estatismo) para los ricos, que nunca soñarían con promover un programa semejante en época de vacas gordas.

Todo eso es muy cierto. Pero pocas veces como en los últimos años se han visto tantas iniciativas, abiertas e implacables, para destruir por vías político-administrativas a empresas calificadas por una razón u otra como enemigas. Tanto derechistas como centristas parecen, pues, estar compitiendo por emular al nunca bien ponderado Chávez, quien ocasionalmente ordenaba cierres y expropiaciones como castigo o retaliación. Esto puede ser bueno o malo, dependiendo del punto de vista de cada cual, ¿pero no les sorprende? La falta de comentarios sobre el fenómeno puede ser producto de la sobrecarga o de la desatención. Pero recuerden que estas cosas generalmente tienen consecuencias muy significativas.

Como fuere, los episodios abundan. Trump —quien, para hacerse perdonar su amistad con Putin, adoptó una virulenta agenda antichina— intentó destruir a la empresa de celulares Huawei. Me parece que tuvo éxito al menos parcial. Después trató de minar a Amazon. No hablemos ya del karma por el que pasa Fox por mentir a sabiendas para apoyar a Trump. Y DeSantis, el radical derechista que gobierna a Florida y que probablemente competirá con Trump por la nominación republicana a la Presidencia estadounidense, no ha dejado de castigar a Disney, por su supuesta complicidad con la agenda “woke” (un término despectivo usado para denotar la corrección política combinada con agendas antidiscriminación). Convénzanse: si y cuando el ratón Miguelito se vuelva subversivo, estaremos en problemas realmente serios.

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La derecha dura puede haberse dado el lujo de atacar a entidades particulares porque creía estar blindada frente a cualquier reacción de los empresarios, por su brutal agenda contra los impuestos y de desmonte del Estado. Pero el centrismo global ha seguido también la orientación de caer sobre cabezas de turco bien escogidas. Biden, en un contexto ya más consolidado de jingoísmo antichino en Occidente, se lanzó ahora contra TikTok. Lo respaldó ya el primer ministro canadiense, Trudeau. Es posible que logren acabar con ella. De manera menos abrupta pero igualmente inequívoca, la toma de Twitter por Elon Musk obedeció a una agenda política que adopta un cariz cada vez más amenazante y opaco.

Una cuestión que merece un comentario aparte es la expropiación de activos de países contra los que Estados Unidos y la Unión Europea han decretado sanciones económicas. Estas expropiaciones pueden estar pensadas para promover un cambio de régimen; rara vez lo hacen (como en el caso de Venezuela; nuestro presidente Duque, más imaginativo, quiso tumbar a Maduro con baladas. Tampoco tuvo éxito). En cambio, como señaló creo que el especialista en inequidad global Branko Milanovic, ponen en cuestión la estabilidad de la inversión global. Rusia desarrolla una guerra de agresión, sí. Pero nombrar “empresarios” a “nuestros” capitalistas y “oligarcas” a los del “enemigo” es una pura cuestión retórica, que no cambia el fondo de la pregunta: ¿están seguros mis activos si no tengo control sobre las variables políticas? El manual convencional responde: claro que sí, sobre todo en el mundo desarrollado. Las duras realidades del mundo contemporáneo dan toda una cantidad de señales públicas en la dirección contraria.

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Y pensar que hasta hace poco se predicaba con entusiasmo el fin de la política, la soberanía y el Estado…

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