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Francisco Gutiérrez Sanín
25 de abril de 2014 - 03:16 a. m.
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La semana santa estuvo marcada por la muerte de gigantes.

No sólo García Márquez, sino Cheo Feliciano (El ratón, Anacaona), también se nos fue. Ya en muchas partes (sobre todo en este diario) otros han hablado bastante, y a veces extraordinariamente bien, sobre los muchos significados que tuvieron la vida y obra de nuestro nobel. Podemos esperar más de esto. Enhorabuena. Como simple lector-observador, tengo que agradecer a García Márquez sus obras maestras, así como su capacidad ejemplar de ser serio y sistemático, en un país en el que el desgreño “aristocrático” es la norma y la forma correcta de presentarse. Muy elegante, pero así los chambones siempre pueden parecer atractivos y profundos, y la moneda mala saca a la buena. García Márquez parecía ser constitucionalmente distinto. Claro que se gozaba sus camisas estampadas, y que fue total, inequívocamente, caribeño; a la vez, y en contra de todos los estereotipos y los manoseos de la publicidad y la bien ganada fama, nunca fue un social-bacano. Creo que se tomaba mortalmente en serio sus oficios y sus rutinas, y me parece bueno resaltar que ese es uno de los legados que nos deja. Aunque, pensándolo bien, todo esto es algo más ambiguo de lo que acabo de decir (mucha seriedad y concentración sin resultados de alta calidad constituyen una tragedia humana terrible).

Otro que se fue —sólo que jubilándose— fue Daniel Samper. Este extraordinario escritor, humorista y comentador, cuyo nombre constituye un capítulo aparte del periodismo de investigación en nuestro país, decidió dejarnos para —según confesó— dedicarse a leer, pasarla bien y (me imagino que inevitablemente) escribir libros. Los esperamos. Pero sus columnas, su tranquilo pero insobornable apoyo a la gente más débil y más vulnerable, van a hacer toda la falta del mundo precisamente ahora.

Vuelve Petro después de un enrevesado tiovivo de decisiones judiciales, que hasta a los especialistas les queda difícil explicar (y creo que entender). ¿Cuánto durará? Nadie lo sabe. Cuánto están pagando la ciudad y el país por la irresponsabilidad del procurador. Si el presidente cree que tomando partido por él va a ganar algo (“ganamos varias tutelas, pero perdimos una”), él y nosotros estamos en serios problemas. A propósito: no creo que haya ejemplo más funesto que declarar el respeto mayestático a la justicia cuando ésta produce los resultados que me gustan, pero pedir el cambio de las reglas de juego cuando aparecen decisiones que me desagradan. Como fuere, a Petro le acaba de caer una oportunidad única. Tiene que administrar bien, dejar de buscar broncas e improvisar, y concentrarse en un par de proyectos claros y creíbles. Eso no quiere decir que no deba defenderse frente a decisiones absurdas, como la de la Superintendencia (sobre la que espero volver). Cada día va a ser un examen. Vamos a ver cuántos es capaz de pasar.

Demasiadas cosas para un par de semanas; pero es hora de despreocuparnos, relajarnos y revisitar nuestro no top ten. Pues ya tengo material acumulado de sobra. Lo malo es que hoy hay un ganador fuera de concurso: el abyecto tuit de la senadora elegida por el Centro Democrático María Fernanda Cabal, sobre García Márquez. En realidad, peor todavía es su terrible “excusa”, en la que arremete contra el muerto con todavía más ruindad que en la declaración original. Sólo rivaliza en desmesura con la pía declaración de Fernando Londoño, en la que declara su convicción de que García se arrepintió en su lecho de muerte y terminó abrazando al catolicismo y al uribismo. Hablando de desmesura: sí, la Cabal tiene algo de Fernanda del Carpio, pero en tono muy menor. Qué poquita cosa. O, para ponerlo en los términos luciferinos caros a ella: qué pobre diablo. Dijeron bien los cataqueños: persona no grata.

 

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