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¿Para dónde huir?

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Francisco Gutiérrez Sanín
17 de julio de 2026 - 05:05 a. m.
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Colombia es un país de migrantes. Antes de reprocharme por decir lo obvio (“gracias, Faryd”, etc.), permítanme recordarles que la cuestión se olvida sistemática y convenientemente en nuestro debate público. Una enorme cantidad de connacionales –creo que al menos cinco millones, quizás más, aunque obviamente eso depende de la forma de calcular– han salido del país en las últimas décadas. Estaban huyendo de la violencia política, de las penurias económicas y de la falta de perspectivas; a veces, simplemente, buscaban nuevos horizontes. En términos de provisión de bienestar, esa emigración masiva apunta a una verdadera catástrofe y dice montones sobre lo que no hizo, o hizo mal, nuestro modelo de desarrollo realmente existente.

Internamente, ella tuvo al menos tres efectos fundamentales: cambió la textura de nuestra sociedad, abriéndola (de manera traumática pero contundente) al mundo global; constituyó una válvula de escape para personas y familias con mucha iniciativa y proclividad al riesgo; y proveyó una buena red de protección social, vía remesas, que compensó parcialmente nuestros brutales déficits estatales en esta materia.

Los lugares de llegada preferidos de los colombianos fueron Estados Unidos, España y Venezuela. Después descubrieron otros, como Chile o Ecuador. Pero, hasta hace poco, los primeros tres siguieron siendo claves. Aunque no siempre bien recibidos, nuestros migrantes terminaron, por lo general, abriéndose paso y haciendo una vida por allá.

El reciente y miserable asesinato de Joan Sebastián Durán, un colombiano que contaba con permiso de trabajo, a manos de la agencia antiinmigración estadounidense –cada vez más, una herramienta de purificación racial– sugiere que el mundo se ha ido encogiendo para todos nosotros. La catástrofe económica y social de Venezuela cambió la dirección de la migración entre ambos países. Recibimos a millones de personas provenientes del vecino país (y cuántos demagogos hicieron fiestas, ya fuera excluyendo a los recién llegados, ya asombrándose de que un país sufriera una migración masiva, como si no supiéramos en carne propia qué es eso). Esa puerta se cerró.

El gobierno de Trump está también cerrando, a punta de exclusión y bala, la otra puerta, más grande y prometedora, del sueño americano. No es ninguna exageración decir que esto hace parte de un programa racista, en buena parte dirigido contra los latinoamericanos, quienes constituyen el peligro de contaminar la buena sangre de los colonizadores WASP (blancos, anglosajones y protestantes). ¿Me equivoco al pensar que la consigna de “Firmes por la patria” no incluye el más mínimo gesto de protección de los Joan Sebastianes por cuyas venas corre la sangre equivocada? Ojalá. Siempre quiero equivocarme.

La deriva de Ecuador y el poder creciente de los partidos antinmigración en España no prometen, por su parte, nada bueno.

Así pues, estimados lectores, van quedando menos y menos sitios adonde huir. Lo que tiene tres implicaciones inversas respecto de las de la migración masiva. Primero, la transformación de las expectativas, de las “viajeras” y globales (descubrir, avanzar afuera, quizás huir) a otras más nacionales. Segundo, el direccionamiento de las iniciativas, expectativas y capacidades hacia entornos también más locales y colombianos. Tercero, el socavamiento de esas redes de protección, legales pero informales y familiares, que han proveído las remesas durante años. La válvula de escape podría entonces ser cada vez menos efectiva para reducir la presión del sistema, y los nichos de amparo social se volverían cada vez más débiles.

Dicho de manera brutal: cuando no hay para dónde huir, las poblaciones quedan ante la opción de dejarse arrasar o de defender sus derechos. Hace mucho, mucho tiempo entendí que la idea de “entre peor, mejor” era desastrosa. Así que lo que estoy viendo ni me alegra ni me incita a hacer cuentas alegres. Pero el cambio de panorama generado por ese mundo que se encoge va a tener grandes consecuencias, no siempre obvias, en este adolorido país de migrantes, que había logrado ajustar, así fuera parcialmente, las cargas a su manera.

Conoce más

 

jose ignacio lopez gonzalez(33220)19 de julio de 2026 - 01:03 p. m.
Profe buenos días . es un gusto y una capacitación , leer sus columnas. siempre en espera de la próxima.
Lucila Castro de Sanchez(60806)17 de julio de 2026 - 10:25 p. m.
Profesor,Ud. siempre optimista,nos pinta un panorama tan crudo y tan evidente,doloroso,para todos,pero real,viendo las circunstancias de lo que vemos en el mundo y de los gobernantes que nos ofrece,este oscuro teatro .
Carlos Rodríguez(jbw8b)17 de julio de 2026 - 10:21 p. m.
Petro no acudió ni una sola vez a los funerales de los soldados, policías y militares que cayeron en combate defendiendo a la patria. Ellos VIAJARON al cielo, petro tuvo un viaje, pero de drogas.
  • Carlos Rodríguez(jbw8b)21 de julio de 2026 - 02:33 a. m.
    La afirmación que se me da la regalada gana mamerto .
  • Manuel José Antonio Munoz Conde(81648)18 de julio de 2026 - 09:56 p. m.
    Qué tiene que ver esa afirmación con la columna?
  • Mar(60274)18 de julio de 2026 - 01:00 a. m.
    Bla, bla, bla, bla, bla...
antonio bonilla(7747)17 de julio de 2026 - 10:18 p. m.
Y para dánde va a huir el que se ROBO $ 10 mil millones para pagarle a sus abogados para que lo saquen de la lista Clinton ?? Disponer arbitrariamente de los fondos de la nación constituye el delito de Prevaricato y cuando le vayan a echar mano al KKs saldrá corriendo a buscar escondedero a peso.
  • antonio bonilla(7747)18 de julio de 2026 - 01:07 p. m.
    Pero el KKs se robó ese dinero de los fondos de la nación. Está ud orgullosa de esa RATA ?
  • Mar(60274)18 de julio de 2026 - 01:02 a. m.
    Y quién lo metió en eso? La derecha asesina, esa es la que debería pagar los abogados.
antonio bonilla(7747)17 de julio de 2026 - 10:15 p. m.
Será que la canciller habrá visto este video antes de ir a recibir a beto coral ? https://www.youtube.com/watch?v=nn-KNEepTxc
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