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TRES DE LAS CINCO PRINCIPALES fuerzas políticas del país –el llamado Partido de La U, el Partido Conservador, y el Polo Democrático Alternativo– llevaron a cabo sus consultas internas el domingo pasado.
En medio de muchas noticias terribles –la peor de las cuales es la del repugnante asesinato de muchachos indefensos para presentarlos como guerrilleros dados de baja, tema al que Dios mediante volveré–, es bueno saber que seguimos teniendo partidos que funcionan. El conservatismo puso en sus internas casi millón y medio de votos; el PDA 500.000 largos, y la U algo más de 300.000. Incluso en este último caso no es una cifra deleznable, ya que la U eligió representantes a las asambleas de sectores sociales, algo no muy accesible al gran público. Si tenemos en cuenta que el elector no tenía acceso en ninguna de estas consultas a incentivos materiales inmediatos, esta capacidad de movilización es un dato que no se debiera despreciar. Podría tener que ver con identidad, con ideología, o al menos con capacidad de aplazamiento de la gratificación; seguramente diversos motivos se combinarán según partido y región.
La Registraduría no tuvo un buen desempeño en la jornada (falta de tarjetones, resultados tardíos), por lo que aún no es posible caracterizarla de manera sistemática. Pero ya con los datos gruesos hay varias cosas que se pueden sugerir. Una parte del éxito azul (en relación con la anterior consulta aumentó sustancialmente sus apoyos) se debe al despliegue de ese estupendo organizador que es Efraín Cepeda. Un simple detalle: ni en el tarjetón del Polo ni en el del Partido de La U aparecían las fotos de los candidatos. Esto debió causar confusión en los electores, y como me atreví a hacer un minisondeo a la salida de un puesto electoral, sé que ante la perplejidad producida por una lista de números que no decían mucho, algunos resolvieron votar aleatoriamente. En cambio, el tarjetón conservador tenía la foto de los candidatos principales. Obviamente, el factor principal detrás del millón y medio de votos es el hecho de que el conservatismo ha tenido una bonanza durante los gobiernos de Uribe. No así el PDA. Aún así, no le fue mal. Tuvo presencia no despreciable en todo el país (¡incluyendo, por ejemplo, a Montería!). Sin embargo, sigue siendo un partido en donde Bogotá es el referente. La capital juega un enorme papel en la votación de izquierda y de fuerzas nuevas –en la misma medida en que los partidos tradicionales han ido perdiendo pie en esta la principal circunscripción electoral. Las internas del domingo permiten caracterizar de manera bastante gráfica los retos simétricamente inversos del conservatismo y el Polo: el primero triplicó al segundo en el país, este casi triplicó a aquel en Bogotá.
Al menos para el PC y el PDA –qué significan para la U es un poco más difícil de interpretar–- las consultas internas terminan un proceso de construcción partidista y comienzan otro. En 2009 ambos escogerán candidato presidencial, y eso tendrá un gran peso en la dinámica política del país. Hay, pues, partidos –no necesariamente muy simpáticos, amigables o buena onda. Pero mejor tenerlos que no tenerlos.
