EL PANORAMA QUE TRANSMITEN LAS últimas encuestas —ascenso continuo del candidato verde, desinflada de Noemí, estancamiento de los demás— es bastante verosímil. Muchas evidencias adicionales lo corroboran. El debate electoral del domingo debe de haber profundizado la tendencia.
¿Qué sigue ahora? Contra lo que se pudiera pensar en vista de su poco éxito, Pardo y Petro han sido magníficos candidatos. Son serios y articulados, y crecieron mucho durante la campaña. Lo que pasa es que están metidos en una trituradora. Pardo encabeza un partido de oposición en el que buena parte de la base es uribista. Petro no pudo correrse (bien y a tiempo) al centro, y vio perder los votos de esa franja, y parte de los bogotanos, a manos de los verdes. Creo que ambos tienen que preservarse, lo que ahora significa no dejarse contar. Un resultado muy malo podría tronchar su trayectoria; una retirada inteligente y digna les permite agruparse a la espera de mejores circunstancias. En política éstas eventualmente llegan, como lo muestra la experiencia del propio Mockus.
Con su despegue, Mockus ha empezado a sufrir las tensiones que afectan a todo candidato relevante. Su problema más grande (hay varios otros) es fácil de describir: una parte muy importante de sus apoyos proviene de electores de las grandes ciudades hastiados con la corrupción, pero otra, creo que muy significativa también, de uribistas no santistas. Por eso el Gobierno le ha buscado bronca. Si Mockus llega a casar la pelea, pierde la segunda fuente de votos y se debilita críticamente, lo que le abre las puertas a Juan Manuel. No crean que Uribe confía mucho en éste; pero necesita que lo suceda un cómplice. Otra estrategia ha consistido en agitar la bandera de la seguridad. Lo malo es que —como explica Fabio Sánchez en una excelente columna publicada en días pasados en este diario— en punto a seguridad, la agenda estrella del Gobierno, el equipo de los verdes es invulnerable. Éstos proveyeron mejoras espectaculares en seguridad sin chuzadas ni falsos positivos. Para mi sorpresa, no han utilizado este enorme patrimonio. De hecho, tampoco han aparecido como equipo. Las tres superestrellas que están con Mockus callan como bacalaos.
Quien sí optimiza todos los recursos a su disposición es Juan Manuel. Es una persona muy capaz. A propósito, fue el único que el domingo cerró bien, con una pulida y clara alocución a sus conciudadanos. Su problema es que se pasa de listo. ¿No decía Santa Teresa que se derraman más lágrimas por exceso de inteligencia que por su defecto? Ha estado involucrado a lo largo de su carrera en muchísimos episodios turbios —en la versión optimista—. Y le siguen saliendo cosas. Peor aún, parece que no puede evitar incurrir en pequeñas astucias. El domingo se mandó varias avionadas, sin necesidad: le salían de manera natural (el PIB colombiano ha crecido mucho, sí señor, pero esto en buena parte es resultado de la revaluación del peso. ¡Juan Manuel debería saberlo!).
A todas estas, Uribe se mete en la campaña, pero sólo logra demostrar que es un poquita cosa. Les confieso algo que seguramente me deja mal parado: hubiera preferido que se sostuviera en su —brutal pero estúpido— comentario sobre el “caballo discapacitado”. La retractación —“yo no fui”— es un acto de minoría de edad que nos envilece a todos. Hombre, este país tuvo a presidentes con una gran dignidad republicana. Con todo y nuestros pecados, no creo que nos merezcamos esto.