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2 Dec 2022 - 5:30 a. m.

¿Qué tanta renovación?

En sentencias del 27 de octubre de 2022, el Consejo de Estado tuteló los derechos de los usuarios del Programa Nacional Integral de Sustitución (PNIS), creado para los cultivadores de coca, marihuana y amapola en el contexto del Acuerdo de Paz de 2016. El Consejo consideró que se habían vulnerado los derechos fundamentales de los inscritos en el programa por varias razones. Primero, el retraso en los pagos y en la implementación de los proyectos productivos. Segundo, la violación del debido proceso. El contexto es el siguiente: muchísimos “beneficiarios” del PNIS fueron excluidos de él, a veces de manera arbitraria, con frecuencia usando de forma ladina la letra menuda, casi siempre sin ninguna advertencia previa y sin la posibilidad de defensa. ¡Pero ya habían arrancado las matas! Se quedaban así, bastante literalmente, sin el pan y sin el queso. Tercero, la desprotección de los líderes de sustitución. Carezco de formación jurídica, pero creo que eso es en esencia lo que dijo el Consejo.

Me siento feliz de que el Observatorio de Tierras haya participado en el proceso que culminó de esta manera. Pero la alegría se transformó en pasmo cuando me enteré de que no una sino tres entidades del Estado impugnaron la decisión: la Presidencia, la Unidad Nacional de Protección y la Agencia de Renovación del Territorio (ART). Con los mismos formalismos y legalismos de siempre (quizás peores, quizás con argumentos más traídos de los cabellos de lo que recomendaría nuestra tradición). Particularmente enérgica fue la flamante ART. Dan ganas de preguntarse: ¿dónde está la bendita renovación?

Les recuerdo la ordalía por la que han pasado literalmente decenas de miles de familias campesinas (muchas de las cuales fueron empujadas a punta de bala física a la frontera agrícola) que cultivan plantas prohibidas. Como el producto por definición no podía tener regulación estatal, esta cayó en manos de grupos armados ilegales. A ello se sumaron décadas de fumigación con glifosato —nada menos que una guerra química contra el campesinado, como lo han señalado varios estudiosos—. Para completar, los programas de sustitución periódicamente lanzados por el Estado se caracterizaron por el incumplimiento masivo, pero también por una ineptitud que duele. Aunque en el papel el PNIS tenía un diseño interesante, en la práctica estuvo marcado por algunas de las inobservancias más flagrantes (y, todo hay que decirlo, ellas aparecieron desde el principio, aunque, como en otros dominios, Duque logró empeorar mucho la situación). A propósito, la sustentación de todas y cada una de estas afirmaciones se encuentra en sendos reportes del Observatorio.

Cuando uno da un paso atrás y entiende la enormidad de lo que sucedió, necesariamente se pregunta (con angustia, pero también con curiosidad) cómo pudo pasar todo esto en un país que se precia de democrático. Parte importante de la respuesta podría provenir de una expresión sencilla: desigualdad extrema. Los cultivadores de coca estuvieron expuestos a la violencia y a la presión brutal tanto de fuerzas globales como del Estado colombiano, y, como llevaban a cabo una actividad productiva ilegal, no tenían, aparte de movilizaciones costosísimas, mayores recursos para hacer valer sus demandas y reclamos.

Congresistas como el amigo Polo Polo quizás sientan algún escepticismo frente a esta proposición. “La desigualdad no ha matado a nadie”, dijo. Pero se equivocó. De hecho, el destacado analista sueco Göran Therborn escribió un estupendo libro que va exactamente en la dirección contraria, titulado: La desigualdad mata. Y sí que lo hace. Cuando las disparidades —económicas, sociales, legales— son tan extremas, se cristalizan en rutinas de exclusión que se reproducen de manera más o menos automática y que cuestan terriblemente, en términos de años, calidad de vida y niveles de riesgo para los vulnerables.

La moraleja es simple. No seamos ni pensemos como Polo Polo. Eso no le hace bien a nadie. Comencemos a pagar la deuda de la desigualdad extrema. Sigamos el y al Consejo.

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